Recién salido de la intervención más directa en América Latina desde la invasión de Panamá en 1989, el presidente Donald Trump ha dirigido su atención a Cuba, declarando que la isla comunista parece "lista para caer". Hablando a bordo del Air Force One, Trump sugirió que la supervivencia de La Habana ha dependido durante mucho tiempo del petróleo venezolano, y que el súbito colapso de esa línea vital podría empujar a Cuba a la crisis sin necesidad de una acción militar directa de EEUU.
Durante décadas, Venezuela ha sido el aliado político y económico más importante de Cuba, suministrando petróleo subvencionado que mantenía en funcionamiento la red eléctrica de la isla y generaba dinero en efectivo para alimentos y medicinas. Con Maduro ahora apartado del poder, ese acuerdo está en peligro. La pérdida del apoyo venezolano llega en el peor momento posible para Cuba, que ya está luchando contra la escasez, los apagones y la creciente frustración de la población.
Los comentarios de Trump han alimentado las especulaciones de que su administración, repleta de antiguos halcones de Cuba, podría intentar acelerar el cambio político en La Habana. El secretario de Estado, Marco Rubio, ha afirmado en repetidas ocasiones que el debilitamiento de Venezuela desestabilizaría inevitablemente a Cuba, y algunos en Washington creen que la economía de la isla podría desmoronarse bajo la creciente presión. Sin embargo, Trump adoptó un tono confiado, sugiriendo que los acontecimientos podrían desarrollarse por sí solos: "Parece que va hacia abajo", dijo.