Desde la misma campaña electoral norteamericana hemos visto críticas a Donald Trump llegadas desde muchos puntos de la industria del videojuego. Ahora que es presidente electo y sus políticas se han puesto en marcha, la visión no ha cambiado, e incluso las quejas se multiplican por los efectos negativos que tienen sobre el negocio.
Los últimos en denunciarlo han sido miembros de los de los gigantes del sector. En la charla Industry Insights celebrada durante el festival Games for Change, Alan Lewis, vicepresidente de Take-Two Interactive, y Craig Hagen, global head of government affairs de Electronic Arts, han acotado tres tipos de medidas que están causando problemas a sus compañías: inmigración, educación y comercio.
"El coste de hacer negocios en Estados Unidos ha subido considerablemente" debido a los impuestos establecidos sobre los negocios internacionales, ha dicho Lewis en declaraciones recogidas por Polygon. Y esperan que este aspecto siga empeorando porque no ha logrado realizar los cambios deseados en el sistema de salud, con la inversión necesaria asociada.
Otro aspecto que golpea directamente al desarrollo de videojuegos y al de tecnología en general se viene denunciando desde sus primeros días, desde el llamado ban antimusulmán. Ahora es más complicado conseguir un visado para Estados Unidos, especialmente si se proviene de determinados países. En consecuencia, "hay una escasez constante de mano de obra de calidad y alta formación en nuestra industria", dijo Hagen.
La educación de los propios estadounidenses también es motivo de preocupación para EA y Take2. Han citado como males los recursos en el sistema educativo y las limitaciones para llevar la banda ancha a las zonas rurales del país.