Con la llegada del verano, el conflicto entre Ucrania y Rusia aumenta su beligerancia, más si cabe. Hace unos días ya informamos sobre el ataque ruso con misiles a la capital de Ucrania, Kiev, donde se dañó seriamente el monasterio de Kiev, una de las primeras iglesias del país y de las más antiguas en esta parte del mundo. Aquel ataque le valió una crítica internacional casi unánime a Putin, pero Ucrania hoy ha respondido con fuego.
Docenas de drones ucranianos sobrevolaron Moscú y cayeron directamente sobre la mayor refinería de petróleo de la capital, interrumpiendo su producción. Reuters reporta ver grandes columnas de humo negro alzándose hacia el cielo sobre el distrito de Kapotnya, muy poblado, donde se encuentra la refinería que abastece a la capital.
El alcalde de Moscú, Serguéi Sobianin, informa de que al momento de escribir estas líneas "las fuerzas de defensa aérea siguen repeliendo un ataque masivo."
Ucrania está virando la estrategia de defensa contra la invasión rusa a atacar de forma selectiva vías de abastecimiento y producción energética rusas, lo que casi le ha valido para desconectar Crimea de la injerencia rusa (tras más de 12 años anexionada ilegalmente), así como paralizar la exportación de crudo ruso. Ucrania está convencida de que su estrategia actual con drones podría acelerar un cambio de postura en Moscú para forzar un acuerdo de paz, al que Putin todavía se resiste.