El 20 de agosto, estalló una brutal reyerta en Argentina, en el Estadio Libertadores de América, campo de Club Atlético Independiente, contra hinchas visitantes de Universidad de Chile, que se saldó con 22 heridos y 100 detenidos. Los hinchas chilenos de la zona visitante del estadio lanzaron objetos a los hinchas argentinos, y éstos respondieron invadiendo la zona visitante. En aquel momento, dirigentes de ambos clubes, e incluso dirigentes políticos de Chile y Argentina, denunciaron la violencia en el fútbol, pero la mayoría eludieron su responsabilidad, culpando a los hinchas del otro club.
El partido, encuentro de octavos de final de la Copa Sudamericana de la CONMEBOL, la segunda máxima competición entre clubes de Sudamérica, iba 1-1 (2-1 para la Universidad de Chile en el global) cuando se detuvo al principio de la segunda parte, y no se reanudó. La CONMEBOL decidió castigar duramente a Independiente, eliminándolo de la competición.
Hoy, el Club Atlético Independiente ha emitido un comunicado dirigido al Presidente de la CONMEBOL, Alejandro Domínguez, en el que califica la decisión de injusta, unilateral y política, un "insulto a la memoria de millones de aficionados que construyeron con sacrificio y pasión la grandeza de este continente".
"Tenemos que ver y sentir cómo un grupo de aficionados visitantes, que acudieron a nuestro estadio con la clara intención de agredir a nuestros aficionados, seguramente celebran hoy que sus actos de violencia hayan conseguido que su equipo se clasifique".
"Beneficiar sólo a un bando envía un mensaje peligroso dada la magnitud de la violencia. Por eso queremos pedir a los clubes argentinos y a sus jugadores el apoyo que puedan necesitar algún día, porque este precedente, y ojalá nos equivoquemos, nos está llevando hacia un lugar oscuro para el futuro de la competición justa."