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Animal Crossing: New Horizons

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Animal Crossing: New Horizons - Un paseo comentado por la isla de Juan

En esta ocasión, visitamos la isla de nuestro Juan A. Fonseca, a la que ha bautizado como “Chichinabo”. Lo primero que podemos apreciar, además de lo moreno que está nuestro residente guía, cuyo nombre es Zubi, es que la isla ha conseguido ya la terraformación. Esta es la mecánica final del juego que permite moldear la forma del suelo, los ríos, cascadas… Todo a la medida que quieras.

Es por ello que nos encontramos una cascada nada más salir de Dodo Airlines, y rápidamente se aprecia que la isla, pese a estar asfaltada, conserva el encanto paradisíaco.

El recorrido empieza subiendo una pequeña ladera y visitando la casa de Zarreta, la gestora que ha ayudado a Zubi a construir y decorar la isla. Vemos que delante del hogar hay una piscina para disfrutar de las vistas, justo en frente del mar. Siguiendo por la arena llegamos a una silla blanca, el primer mueble que Zubi puso en la isla, y el cual sirve ahora como silla de pescar.

El camino detrás de la silla lleva a la casa de Juan, con un símbolo pirata en la puerta. La casa tiene un patio que actúa como plaza, y cuenta con una fuente y varias flores. En esta zona central vemos también más casas, decoradas con una valla alrededor y con algo de jardín para cada una.

En este distrito no solamente están las casas de los vecinos, sino algunas tiendas como la de las Hermanas Manitas, o la Oficina de gestión vecinal, el equivalente al ayuntamiento en juegos anteriores. Para salir de esta zona, se cruza un puente con estilo de troncos para llegar al otro lado del río, donde se mantiene el estilo de asfalto y encontramos MiniNook y la zona de acampada, un sitio más natural donde los vecinos pueden venir de visita a la isla.

Desde la zona de MiniNook se llega a otra a través de un puente asfaltado, donde hay un jardín lleno de flores preciosas y una pequeña casa. Este lugar se ve totalmente natural y cuenta incluso con un showroom para probar ropa. Detrás de éste, hay un café de estilo retro americano. El recorrido sigue con el paseo natural, donde al cruzar por un camino lleno de árboles se llega al “laboratorio de injertos florales”, en el que se mezclan flores para obtener colores nuevos.

Uno de los lugares más bonitos de Chichinabo es el jardín zen, cerca de la zona de flores. Con bambú y artículos orientales, es un lugar donde relajarse y escuchar el sonido del mar, a la par que puede tomarse un té disfrutando de las vistas.

La visita continúa con el museo, decorado externamente por flores y algunas vallas, aunque lo más destacable es que está rodeado de esqueletos gigantes de dinosaurio, formando un auténtico parque jurásico. A las afueras del museo hay otro lugar clave, la zona gamer, donde además de dos Nintendo Switch y algunas máquinas recreativas, hay un Godzilla gigante en la entrada.

Pero no todo va a ser jugar, no. La isla de Zubi también tiene un gimnasio con algunas máquinas, para ejercitarse y no perder la forma, además de una zona de coliseo en la que pelear con otros visitantes a darse golpes con redes de pesca. Cerca de allí, queda una zona chillout con piano, algunos instrumentos y sillas, como si de un local se tratara. Por último, descubrimos que hay un parque para niños con algunos columpios, para que puedan disfrutar los más pequeños.

Zubi acaba comprando algunos acebos a Gandulio para celebrar el Día de la Naturaleza, y despidiendo a todos con una invitación para visitar Chichinabo, una isla realmente espléndida a la que no le falta de nada. ¿Quién se apunta?