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World of Warcraft: Mists of Pandaria

Análisis de World of Warcraft: Mists of Pandaria

World of Warcraft es un juego orgánico y vivo, que va cambiando parche a parche y que ha ido madurando a lo largo de siete años. Lo que otras sagas hacen con una entrega anual, WoW lo hace poco a poco, con cada nuevo contenido.

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Las expansiones en World of Warcraft siempre han sido sinónimo de grandes cambios. Pueden venir en forma de cambios a la hora de gestionar a los personajes, desaparición o aparición de habilidades nuevas, nuevas formas de gestionar el equipo, nuevas profesiones o directamente nuevas clases y razas. Cada expansión siempre implica, además, la posibilidad de aumentar el nivel de los personajes a un nuevo límite y la existencia de nuevas zonas y mazmorras que explorar, con más misiones y logros, monturas y objetos mágicos que conseguir.

Y Blizzard siempre toma el pulso a su comunidad, es cierto, pero calla más de lo que dice. Hay muchas formas de abordar Mists of Pandaria.

Por un lado tenemos al del jugador de toda la vida. El que lleva seis años viviendo en Azeroth y ha vivido la evolución del título. Es complicado que a este jugador le guste Mists of Pandaria. Por muchos motivos además.

Desde el punto de vista artístico, los valores de Blizzard no paran de crecer. Es increíble lo que con tecnología de hace siete años son capaces de mostrar en pantalla. Las ampliaciones de Blizzard siempre son temáticas y Pandaria está inspirada en la cultura china, con sus dragones, garzas, yaks y tigres. Viajaremos desde los Bosques de Jade hasta las altas montañas nevadas, paseamos por templos llenos de monjes entrenando e incluso nos colaremos en el interior de una fábrica de cerveza. Pandaria es preciosa y la música es una gozada.

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Somos héroes legendarios que hemos acabado con Illidan, Arthas, Alamuerte y que hemos bregado contra C´thun y Yoggsaron. Hemos viajado a otros mundos y otros tiempos y enfrentado a la ira de Archimonde y Kil'Jaeden. Mientras tanto, los pandaren han estado en su isla, alejados de todo. Las nieblas de Pandaria se levantan y ahí ya están la horda y alianza, llevando sus enfrentamientos a una tierra viva que percibe las emociones negativas y las personifica en los Shar, unos entes oscuros de terrible poder.

Pero el problema de Mists of Pandaria es el tono, el espíritu con el que se ha imbuido. Los pandaren son una broma llevada al absurdo. No se ha buscado una raza épica que se ajuste al tono de fantasía. Se ha busca una raza mona, un peluche simpático. Nuestros personajes son verdaderos héroes, pero nos pasamos unos cuantos días subiendo de nivel atendiendo a una horda de pandas borrachos que quieren más cerveza, o atendiendo sus deseos para cultivar zanahorias gigantes, o lidiando con sus problemas para capturar yaks decentes. La Isla de Pandarien sucumbe a la ira y al odio pero no, hay que atender los deseos más básicos de una raza de pazguatos que han vivido alejados de las amenazas de Azeroth hasta ahora. Es la misma sensación que se tiene cuando llega un jefe nuevo a un trabajo y se pone a dar órdenes que le benefician sólo a él. Es incómodo, porque nada de lo que hemos hecho antes parece que ha servido para nada y llega una raza nueva a la que hay que atender sin que nunca hayan hecho nada para enfrentarse a Arthas o Alamuerte, por poner los dos ejemplos más cercanos.

Lo que tampoco va a gustar a los jugadores tradicionales es que Mists of Pandaria es un juego tan fácil que causa rechazo. Con Cataclysm, al principio sobre todo, se consiguió devolver algo de dificultad a las mazmorras, teniendo que volver a hacer control de masas y cortando los hechizos y habilidades de los enemigos, con las clases que dependían del maná teniendo que administrase los recursos... Todo esto ha muerto en Pandaria volviendo a los tiempos de Lich King en los que el tanque se cogía a un grupo y se fundía áreas. El problema es que en Lich King esto se hizo en la última etapa, pasado el parche de Ulduar, pero ahora es desde el primer momento.

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World of Warcraft: Mists of Pandaria

Una vez llegados a nivel 90 y alcanzado el índice de equipo 490 ya estamos preparados para ir de heroicas. No las conocía y mi personaje es un guerrero tanque. Fue una experiencia nueva y decepcionante, hacerme tres heroicas en dos horas sin necesidad de que nadie me guiara. Al decirle a la gente "no me sé la mazmorra", la contestación era siempre la misma: "tu avanza y cógete todo lo que pilles, que ya los matamos nosotros". Los bosses no supusieron tampoco un reto mayor.

¿Para qué, me pregunto entonces, tantas habilidades? Blizzard dice que para el Modo Desafío y para conseguir logros. Ahí está el reto ahora, parece ser, en hacerte las cosas en plan difícil. Ahora bien, ¿qué hay de aquellos que desean retos desde el principio? Un juego puede ser tan difícil que frustre y lo abandones, o tan fácil que te preguntes para qué juegas. Mists of Pandaria pertenece, sin género de dudas, a la segunda categoría.

Ni siquiera se salvan la nueva raza y la nueva clase. Como era de esperar, los monjes están completamente desequilibrados y simplemente destrozan allá por donde pasan. Es como volver a los tiempos de la Burning Crusade en la que cinco Caballeros de la Muerte se podían hacer las instances de Península de Fuego infernal sin despeinarse, autocurándose y dejando tiritando al boss más pintado.

El desarrollo de los personajes también ha sufrido un varapalo de importancia, con una simplificación absoluta de las clases. Los talentos se han reducido a seis y si bien es cierto que son más definitorios y conceden habilidades muy diferenciadas, también lo es que eliminan completamente toda personalización y que no hay sensación de evolución del personaje. Particularmente me ha desconcertado el cambio de dirección de los guerreros (mi clase principal) y la nueva mecánica de la ira. La generación de ira de los guerreros siempre ha sido un problema para Blizzard, pero cuando se adopta un rol de daño, no de tanqueo, hay graves problemas para mantener un nivel de daño aceptable, ya que son muy pocas las habilidades que generan ira y muchas veces nos vemos unos instantes dependiendo de los golpes blancos hasta que termina un coldown.

Ahora bien. Ya se ha comentado que hay otra forma de aproximarse a Mists of Pandaria. La forma que Blizzard ha escogido de comprender su juego: los nuevos jugadores. Es un hecho que el juego está sufriendo un descenso de suscriptores. Lo podemos achacar al tipo de contenidos, pero sería más acertado achacarlo a que el ciclo natural del juego está acabando.

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Mists of Pandaria es como cambiarle de nombre al local de toda la vida, a ver si así viene más gente, pero en realidad el local ya no volverá nunca a ser como antes. Mientras tanto, Blizzard tiene que apuntar a un nuevo mercado que todavía no ha jugado al juego, ya que sabe que no va a poder mantener al jugador de toda la vida, que continuará yéndose una vez acabada la novedad.

Por eso tenemos a los pandas peluchones, las mil monturas nuevas, la simplificación del sistema de juego, la extrema sencillez de las mazmorras, la historia más descafeinada, las reputaciones más sosas y las luchas de mascotas en plan pokémon. Todo son formas de acceder a un nuevo público que vea WoW como una novedad y no aquello que fue y en lo que se ha convertido.

World of Warcraft: Mists of Pandaria es para un determinado público, sólo que ese público ya no es el que se partía el espinazo con otros 39 amigos para acabar con Onyxia a ver si le caía algo. La forma que tiene Blizzard de hacer las cosas no ha cambiado: artísticamente siguen siendo la compañía más espectacular del sector de los videojuegos, lo que ha cambiado es el fondo.

En cualquier caso, ésta se antoja una ampliación de ocaso, muy descafeinada y con muchas novedades que aturden, pero que al final se deshacen entre los dedos. Como las Nieblas de Pandaria.

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07 Gamereactor España
7 / 10
+
Apartado artístico sensacional y una banda sonora de lujo. Ha mejorado la conectividad con otros reinos.
-
Simplificación hasta el absurdo. Es demasiado sencillo y aburre. El tono general se aleja de la épica y la mitad del tiempo estamos viendo una comedia tontorrona.
overall score
Media Gamereactor. ¿Qué nota le pones tú? La nota de la network es la media de las reviews de varios países

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World of Warcraft: Mists of PandariaScore

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ANÁLISIS. Autor: José Manuel Bringas

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