Desde su llegada a la presidencia, Donald Trump ha implantado medidas de corte económico proteccionista que han tenido como objetivo reducir las importaciones, especialmente desde China. Han dado pie a una guerra comercial que ya se ha materializado en distintos impuestos aduaneros y hasta con una sanción grave contra compañías como ZTE o Huawei. Y en la última amenaza entraban también las videoconsolas.
Ante la posibilidad de que las importaciones de máquinas de juego fabricadas total o particalmente en fábricas chinas se grave con un impuesto de hasta el 25%, las compañías de hardware han decidido diversificar. Aún sin confirmación oficial, pues no es algo de lo que ninguno hable abiertamente, primero fue Nintendo quien se llevó parte de la producción de Switch al sudeste asiático y ahora parece que tanto Sony como Microsoft van a seguir el mismo camino.
Incluso si finalmente la guerra comercial se relaja, como parece en estos momentos, el ensamblaje de las consolas Xbox y PlayStation va a desplazase a otros territorios. Hasta un 30% de la fabricación podría cambiar de manos, según una de las fuentes consultadas por Games Industry, aunque esa cifra variaría en función del peso del mercado norteamericano en cada catálogo. En estos casos no hay referencias sobre los destinos de esta producción ni si ya ha comenzado la nueva deslocalización de la producción.
Los bandazos en la política económica y especialmente en la aduanera de la administración Trump están provocando una incertidumbre en el sector del videojuego a la que no estaba acostumbrado.
