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Peliculas

Crítica de Deep Water

Renny Harlin, el director de «Deep Blue Sea», vuelve a nadar con tiburones: ¿será un éxito o un fracaso?
Peter Westberg 23 junio 2026

Aaron Eckhart se pregunta por qué su sueldo no fue más alto

Me encantan las películas de tiburones, aunque pocas sean realmente buenas. Siempre estoy pendiente de la siguiente y, cada vez que anuncian una nueva, no puedo evitar ilusionarme un poco. Me pasa algo parecido con las películas de acción protagonizadas por dinosaurios: ojalá hubiera más.

Y sí, ya sé que en agosto se estrena The End of Oak Street, de David Robert Mitchell, con Anne Hathaway y Ewan McGregor. Tiene una pinta estupenda. Pero no hemos venido a hablar de eso, sino de tiburones.

Desde que el streaming se convirtió en la norma han llegado unas cuantas películas del género. En abril mismo reseñé Thrash y, la verdad, no me decepcionó del todo. Pero vayamos al asunto que nos ocupa: Renny Harlin.

El mejor director finlandés de todos los tiempos tiene en su currículum títulos como Cliffhanger, The Long Kiss Goodnight y muchas otras películas, incluida Deep Blue Sea. Tenía trece años cuando la vi por primera vez y me atrapó por completo. Era elegante para la época, violenta y tremendamente entretenida. Me revolvió el estómago ver cómo Stellan se convertía en un villano manco, y me quedé de piedra cuando el heroico discurso de Samuel L. Jackson terminó de forma tan abrupta. Aquella película de tiburones lo tenía todo. Incluso tiburones nadando marcha atrás. Y, por supuesto, aquella frase inolvidable de LL Cool J: "Te has comido a mi pájaro".

¿Y sabéis qué? Es una auténtica tontería. Exagerada en todos los sentidos. Pero sigue funcionando. Incluso hoy.

Deep Blue Sea es mi película de terror con tiburones favorita después de Tiburón, así que cuando leí que Renny Harlin volvía a meterse en aguas infestadas de escualos, me alegré enormemente. La cuestión es si esta nueva inmersión está a la altura de la anterior.

Empecemos por la trama: "Un grupo de pasajeros internacionales que viajan de Los Ángeles a Shanghái se ven obligados a realizar un aterrizaje de emergencia en aguas infestadas de tiburones. Ahora deben trabajar juntos con la esperanza de sobrevivir al furioso banco de tiburones atraído por los restos del avión".

Así que Renny decide deleitarnos con un accidente aéreo y un festín de tiburones. Sobre el papel suena fantástico. El tráiler prometía diversión y había motivos para pensar que podríamos estar ante una especie de secuela espiritual de Deep Blue Sea.

En el reparto encontramos algunas caras conocidas. Aaron Eckhart encabeza el cartel con esa mandíbula imposible que parece esculpida en piedra. Me encantó como Harvey Dent en El caballero oscuro. En realidad siempre me ha parecido un actor algo rígido, y aquí tampoco cambia demasiado, pero tiene una presencia especial.

Al mando del desafortunado vuelo encontramos a Ben Kingsley, interpretando a un capitán relajado, fiestero y bastante cliché. Kingsley siempre me ha fascinado porque alterna sin problema dramas intensos y actuaciones dignas de un Óscar con comedias extrañas y proyectos que son auténticos desastres. A menudo me pregunto cómo elige sus papeles y he llegado a la conclusión de que probablemente se divierte experimentando. Algo parecido a cuando uno piensa: "Puede que esto salga fatal, pero parece divertido. Vamos allá".

También aparece Angus Sampson, que me impresionó especialmente en la segunda temporada de Fargo, aunque muchos lo recordarán por Insidious.

Dicho esto, el reparto tampoco importa demasiado porque esta no es una película que necesite interpretaciones memorables para funcionar.

Pero claro, ahora quieres saber qué tal está Deep Water. Después de todo, han pasado veintisiete años desde que Harlin soltó a aquellos tiburones modificados genéticamente en Deep Blue Sea.

La primera media hora funciona razonablemente bien. Construye la atmósfera con solvencia, aunque sin ofrecer nada especialmente memorable. Nos presenta personajes y escenarios muy básicos, pero tampoco hace falta mucho para entender que todo va a salir mal. El accidente aéreo, además, está bastante bien rodado. Sin tener conocimientos sobre cómo se comunican exactamente los pilotos con el control aéreo, la secuencia transmite cierta sensación de autenticidad. Y cuando la tripulación comprende que amerizar es la única opción posible, resulta difícil no sentir un nudo en el estómago.

No es precisamente Deep Blue Sea

Igual que siempre he sentido debilidad por las películas de tiburones y monstruos, también tengo debilidad por las historias ambientadas en aviones, ya sea durante todo el vuelo o hasta que la aeronave acaba estrellándose. Passenger 57, Hijack, La jungla de cristal 2, ¡Viven!... la lista podría seguir durante páginas.

Sin embargo, para quienes esperen una gran película de entretenimiento, tengo malas noticias. Por desgracia, muy poco funciona en Deep Water.

No está especialmente bien realizada, los personajes no consiguen importarte y nunca llega a ser realmente emocionante ni especialmente divertida. La tensión apenas existe y echo mucho de menos el encanto descarado que tenía Deep Blue Sea. Aquí se ha perdido por completo ese espíritu juguetón, y los tiburones terminan siendo una amenaza sorprendentemente poco interesante y sin apenas mordiente.

Hay un par de escenas que funcionan bastante bien y, desde luego, nunca llegué a aburrirme. Pero esperaba mucho más. Deep Water es una película tremendamente olvidable. Puede servir para una tarde de domingo con resaca, pero poco más. Eso sí, me ha dejado con unas ganas tremendas de volver a ver Deep Blue Sea.

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