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Peliculas

Crítica de Avatar Fuego y ceniza, de James Cameron: más humo que fuego

Si ésta es la última película de la epopeya alienígena de James Cameron, será una oportunidad realmente perdida.
Javier Escribano Editor Spain 16 diciembre 2025

James Cameron ha hablado abiertamente sobre el futuro de la franquicia cinematográfica Avatar en las semanas previas al estreno de Avatar: Fuego y ceniza, y ha dejado una cosa muy clara: si esta tercera película no tiene éxito en taquilla, será el final de la saga.

Avatar 2 y 3 se rodaron al mismo tiempo; algunas partes de Avatar 4 y quizá 5 (quién sabe a estas alturas) ya se han rodado, pero la mayor parte de la producción (y la costosa posproducción) aún está por hacer y pagar antes de sus estrenos en 2029 y 2031. Espero de verdad que el público responda, porque si ocurriera lo peor, "Avatar 3" se quedaría lejos de ser un final digno para una franquicia cinematográfica tan emblemática.

Cameron también había declarado que Avatar: Fire & Ash marca el final de una minisaga, y que la segunda película(Avatar: El Sentido del Agua) y la tercera son en realidad dos partes de la misma historia. Ya se notaba en la segunda película, que a pesar de durar más de tres horas, dedicaba la mayor parte del metraje a presentaciones de personajes y tenía un tercer acto abrupto con un final muy del tipo "continuará".

Avatar: Fuego y ceniza tiene problemas distintos pero relacionados: la trama avanza mucho más rápido, se cumplen los arcos argumentales de los personajes y todos los miembros de la familia, Jake Sully (Sam Worthington), Neytiri (Zoe Saldaña) y sus tres hijos mayores Lo'ak (Britain Dalton), Kiri (Sigourney Weaver) y Miles (Jack Champion) comparten casi por igual tiempo en pantalla y protagonismo, lo cual es admirable. Sin embargo, a pesar de varios grandes momentos (una escena en particular es uno de los momentos más emotivos de la serie, aunque queda emborronado por una actuación bastante pobre de un actor en particular), en última instancia el guion tiene miedo de tomar decisiones valientes, y en su lugar sigue los mismos esquemas narrativos de las dos películas anteriores, a veces hasta un grado alarmante.

Dicho brevemente, Avatar: Fuego y ceniza se parece demasiado a las películas anteriores y especialmente a El Sentido del Agua, con una constante sensación de déjà vu, tanto narrativa como, lo que es más extraño, visualmente. Aunque la película de 2022 tuvo una respuesta desigual por parte de los fans, los que la gozaron quedaron encantados porque transportaba a los espectadores a una nueva tierra dentro de las fronteras de Pandora, nos mostró una nueva tribu de Na'vi, nuevas y preciosas localizaciones y criaturas instantáneamente icónicas como los Tulkuns (las ballenas) y los peces voladores gigantes que los Na'vi montan como caballos (y una ametralladora opcional). No importaba que el guión no fuera el mejor, era pura magia cinematográfica a una escala que muy pocas películas se han acercado a igualar últimamente: quizá sólo Dune ha conseguido crear un mundo fantástico tan convincente y sobrecogedor en la gran pantalla.

Por supuesto, Fuego y ceniza es una película espectacular, que merece la pena ver en 3D. Pero si esperas de Avatar 3 que te lleve en otro tour guiado para ver nuevas maravillas de Pandora y quedar asombrado de nuevo por la imaginación de Cameron y su departamento artístico, quizá debas rebajar tus expectativas...

Avatar: más humo que fuego

La mayor parte del marketing de la película se ha dedicado a la nueva tribu de la ceniza que vive en un volcán y a su despiadada líder Varang, interpretada por Oona Chaplin. Ella es sin duda una de las mejores cosas de la película, con sus rituales sádicos y sus habilidades psíquicas, pero tiene mucho menos peso en la trama y presencia en la película de lo que los tráileres y carteles centrados en Varang nos han hecho creer. En cambio, todo sigue girando principalmente en torno a la disputa entre Jake Sully y el renacido marine na'vi Quaritch (Stephen Lang), en un ir y venir que empieza a cansar.

La franquicia necesitaba sangre nueva e ideas nuevas, ahora más que nunca. Si la segunda película no era tan emocionante narrativamente, se salvaba porque habían pasado 13 años desde la primera (lo que significa que había un gran factor nostálgico) y las vistas submarinas eran espectaculares. Los efectos visuales de Fuego y Ceniza son igual de buenos, pero en su mayor parte son... lo mismo. Incluso las escenas de acción, de las que hay un montón, se desarrollan en su mayor parte de la misma manera: los mismos tipos de peleas, los mismos tipos de persecuciones, los mismos tipos de criaturas matándose unas a otras... con muchos planos resultando indistinguibles de una película a otra.

Por poner una referencia gamer, que estás leyendo un medio de videojuegos aunque a veces no lo parezca, es como jugar a The Legend of Zelda: Tears of the Kingdom después de haber jugado a Breath of the Wild: hay algunos lugares nuevos aquí y allá, pero el mapa de Hyrule es el mismo, y es poco probable que sientas las mismas cosas que la primera vez que lo exploraste. Con una película tan dependiente del CGI como ésta, no me sorprendería que el ahorrar presupuesto y reutilizar assets 3D sea una de las razones por las que la película es tan similar visualmente, tan temerosa de alejarse de los arrecifes de los Metkayina, tan poco interesada en asombrarnos de la misma forma que lo hicieron las dos primeras películas.

Para una serie de películas que nació con el objetivo de impulsar la tecnología digital futurista y poner en la pantalla cosas que nadie había sido capaz de hacer antes, perder ese factor sorpresa es el mayor de los pecados. Pero las intenciones de James Cameron son nobles: quiere que los espectadores se preocupen de verdad por los personajes que ha escrito, y dar a las películas verdadera profundidad más allá de las imágenes en 3D.

Y no es que la película no sea ambiciosa en ese sentido: aunque dura 197 minutos (y realmente sientes cada uno de ellos), a veces parece una temporada de TV de 8-9 horas condensada en tres horas. Suceden muchas tramas al mismo tiempo, todos los personajes crecen y tienen sus momentos para brillar, e incluso hay algunas elipsis extrañas de cosas importantes que desearías que hubieran permanecido en la película, aunque la duración ya sea desproporcionada. Sin embargo, muchas de las líneas argumentales son repeticiones directas de la película anterior sin nada nuevo que añadir (algunas tramas no dan para más y deberían haberse resuelto en la película anterior para dejar sitio a algo nuevo), mientras que los nuevos personajes (principalmente Varang y la tribu de la ceniza) no aportan casi nada a la trama principal.

El resultado es una película que, en general, tiene mejor ritmo que la segunda, es más entretenida, con más acción, pero mucho menos sorprendente. Las tramas avanzan mucho más rápido y llegan más lejos... pero, en realidad, no tanto. Desde luego, no tan lejos como deberían haber llegado si existe la posibilidad de que este sea el final de la serie. Incluso como supuesta "parte 2 de la parte 2" de toda la saga Avatar, la historia no nos lleva a ningún sitio nuevo después de tres años de espera y tres horas de película, lo cual resulta decepcionante.

Intuimos que esto es sólo un capítulo intermedio dentro de una historia global mucho más grande y ambiciosa... porque tiene que ser así, ¿no? Si eso está en los planes de Cameron, Avatar: Fuego y ceniza no nos da muchas pistas, y en su lugar nos da una entrega que cumple, pero resulta en gran medida olvidable, en una serie que debería aspirar a mucho más si realmente quiere enmarcar cada nueva entrega como un gran acontecimiento cinematográfico y romper récords de taquilla. Si los temores de James Cameron se cumplen y Disney cierra el grifo, empezaré a rezar a Eywa para que tenga un plan B que ponga fin a todo esto de una forma más barata pero valiente.

Editor Spain Javier Escribano wrote for Gamereactor from 2024, covering sport alongside video games and world news. His work appeared on the Spanish and international editions.
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