El regreso de Ronda Rousey a los combates de MMA tras un paréntesis de diez años será supervisado de cerca por sus equipos médicos, y la luchadora de 39 años se someterá a pruebas médicas y neurológicas más exhaustivas de lo habitual, debido a su largo historial de conmociones cerebrales, que comenzó en su carrera de judo, cuando ganó la medalla de bronce en Pekín 2008, que escondió durante parte de su carrera y que la motivaron a retirarse.
Andy Foster, director ejecutivo de la Comisión Atlética del Estado de California, dijo a ESPN que Rousey se someterá a muchas pruebas neurológicas y de batería de conmociones cerebrales para asegurarse de que está sana, más de lo que se requiere.
Carano se someterá a las mismas pruebas adicionales debido a su edad (cumple 44 años en abril) y al hecho de que no ha luchado desde 2009. California exige que los luchadores de más de 40 años se sometan a pruebas como angiografía por resonancia magnética (ARM) y resonancia magnética (RM) del cerebro, electrocardiograma (ECG), pruebas cardiacas, ecocardiograma de esfuerzo, pruebas neurocognitivas, análisis de sangre, panel metabólico y examen oftalmológico.
Aunque Rousey ha hecho carrera en la lucha libre, primero en la WWE y luego en circuitos independientes (se retiró en 2025) desde que dejó las MMA en 2016, un combate de artes marciales mixtas es más peligroso. Sin embargo, "mientras estas mujeres pasen sus exámenes médicos y pasen todas sus baterías neurológicas y hagan las cosas que tienen que hacer, no hay nada malo en este combate", dijo Foster.
Ronday Rousey luchará contra otro icono de las MMA, Gina Carano, por primera vez en sus carreras (Carana no ha luchado desde 2009) en mayo, en un combate que se retransmitirá por Netflix.