El juego de palabras más fácil sería decir que Coward ("Cobarde") es un film valiente sobre la homosexualidad en tiempos de guerra. Y la comparación más obvia sería encarar la cinta de Lukas Dhont sobre la Gran Guerra con La bola negra de Los Javis, ambientada en la Guerra Civil Española, al compartir el mismo tema central. Casualmente, ambas también se basan en gran medida en el mundo del teatro, así que fue el 'enfrentamiento' más fácil que muchos trazamos entre las dos películas rivales en el Festival de Cannes. Sin embargo, la diferencia principal está clara: Coward es una historia más sencilla y directa que apuesta por el enfoque, la cadencia y el impacto de los golpes narrativos de un único arco argumental bien definido, frente a la sofisticación poética de las tres tramas entrelazadas de la otra película.
Por ello, Coward se deja ver como una película accesible y con un ritmo muy bueno, sin rellenos ni pretensiones complicadas. No obstante, y como mi única pega respecto a la estructura, sentí que, en lugar de acabar por todo lo alto, el rollo pierde intensidad en su acto final tras haber ofrecido sus momentos más destacados.
Un detalle contextual interesante es que no estamos hablando de finales de los años 30 ni de los 40, como suele ser el caso en otras obras. Se trata de la Primera Guerra Mundial, en la que seguimos a un grupo de soldados de apoyo belgas en el frente occidental. Enmarcar una salida del armario un par de décadas antes en el siglo resulta original y casi inédito. Y el hecho de que se dediquen a tareas de apoyo (llevar munición, recoger heridos o cadáveres, servir de refuerzo, dar de comer a los prisioneros... o mearse en su sopa) también hace que esta sea una película de guerra bastante diferente.
No obstante, los momentos más impactantes no están necesariamente ligados al romance que surge entre Pierre (Emmanuel Macchia) y Francis (Valentin Campagne). Las escenas en las que el grupo al completo de chavales canta al unísono para darse ánimos y empoderarse antes de enfrentarse a los horrores me resultaron más emocionantes y conmovedores. La cinta se inicia precisamente con una de estas interpretaciones y Dhont recurre a este recurso central un par de veces más adelante, demostrando su maestría con los primeros planos entre la multitud. Además de los cánticos del grupo, me quedo con una memorable canción de teatro con el estallido de las bombas como música de fondo.
De hecho, Coward es una película visualmente cuidada de principio a fin. Me encanta su uso inteligente del color, con tonos más cálidos y naranjas que resaltan las conexiones humanas de manera sutil, al tiempo que presenta secuencias en las trincheras más frías e impactantes.
Otro aspecto notable es la evolución de los actores y sus personajes a lo largo del metraje. Parece que el de Macchia, "el novato larguirucho", se mantendrá como un protagonista casi silencioso mientras explora su sexualidad, su cobardía y su valentía en distintas situaciones. Sin embargo, el personaje interpretado por Campagne gana progresivamente presencia e importancia narrativa, pasando de una declaración de intenciones a eclipsar el rol de su compañero y erigirse como el verdadero protagonista, lo que difumina los límites del personaje principal. Su papel empieza con seguridad y determinación, como contrapunto a las dudas y vaciles de Pierre, pero, sin destripar los pocos giros de la trama, digamos que también se vuelve más prudente y sensato con el tiempo. En esta dinámica percibo un ingenioso paralelismo quijotesco.
Estas técnicas funcionan gracias a un guion sólido, con diálogos bien cuidados que refuerzan la credibilidad de los personajes, al ritmo ya mencionado y, sobre todo, a las excelentes interpretaciones de ambos actores. La dualidad entre cobardía y valentía se explora desde diferentes ángulos, y creo que la escena de la traición de Pierre y la tensa secuencia del mimo de Francis las recordaré durante mucho tiempo.
"Estamos bailando mientras ellos mueren"
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No obstante, a pesar de la frescura y la finura que predominan durante la mayor parte del metraje, el último tercio queda más flojo. Esto, junto a una trama bastante predecible, con pocas sorpresas o giros que reaviven el interés (lo cual resulta irónicamente opuesto al teatro que estos soldados utilizan como vía de evasión), hace que Coward resulte menos contundente como un todo que algunas de sus fantásticas partes. "Frou frou".

Las dos únicas imágenes oficiales se centran precisamente en las canciones, ya sean cánticos de soldados (izquierda) o la obra de teatro (derecha).