Skip to main content
Gamereactor Peliculas Fatherland
Peliculas

Crítica de Fatherland

Un oasis cuadrado en blanco y negro en medio de las tendencias cinematográficas actuales para volver a conectar con el cine.
David Caballero Editor-in-Chief Spain Actualizado 15 junio 2026

"¿Conoces la historia de Thomas Mann? Me imagino que se percibe de otra manera si no eres alemán"

Así me lo transmitió una veterana crítica de cine germana unas horas después de que ambos viéramos Fatherland en el Festival de Cannes, donde la última película de Paweł Pawlikowski era una de las más solicitadas para proyecciones y figuraba entre las favoritas para ganar la Palma de Oro. Se trata de una historia biográfica y profundamente arraigada culturalmente, por lo que comprendí su punto de vista, si bien la recomiendo a cualquier aficionado al buen cine, con independencia de su nacionalidad.

Thomas Mann era "la máxima autoridad de las letras alemanas", conforme definen en el film, pero esta breve historia sobre su regreso a su tierra natal en 1949 aborda tanto la figura filosófica y política como al hombre de familia. A medida que se van retratando ambas caras, Hanns Zischler destaca en el papel protagonista. Su interpretación muestra un rostro ácido, aburrido y perspicaz para el autor, y un alma distante, enigmática y herida para el padre; ambos aparentemente fríos como el hielo.

La película traza un contraste muy marcado desde el principio, cuando el Klaus Mann de August Diehl nos recibe con un memorable monólogo telefónico lleno de arte y reflexiones cálidas, para luego ceder inmediatamente el protagonismo a su padre y su hermana, que acaparan la atención hasta el final. Quizá una estrategia ingeniosa e intencional de Pawlikowski para que el público extrañe a Klaus a lo largo de la proyección; el recurso funciona, aunque también resulta desconcertante en cierta medida.

No obstante, para mí quien soporta gran parte del metraje es Sandra Hüller en el papel de Erika Mann, pues la hija de Thomas se presenta como la mano derecha del escritor, pero también como su detonante emocional y como la representante de lo que queda del alma familiar.

No quiero destripar la trama familiar, de sobra documentada públicamente, ni los acontecimientos concretos de la visita de Thomas Mann a esa Alemania de la posguerra tan tensa y conflictiva; basta con señalar que la película propone un viaje en el tiempo fascinante y antiguo junto con los protagonistas, como si pudieras ver la historia hacerse en el pasado a través de un ventanuco.

La elección deliberada del blanco y negro, la relación de aspecto 4:3 y las numerosas tomas fijas y largas (mientras que el movimiento se reserva para los vehículos) permiten a Pawlikowski encuadrar a los actores de forma diferente y contraria a las tendencias actuales. Algunos de sus planos, como uno en el que el coche serpentea entre los árboles, se quedan grabados en la retina, como aquella vieja foto familiar que colgaba de la pared de tu abuela. Entre el homenaje y el relato elegante, su magistral narrativa visual realza la interpretación del reparto y, sin duda, deja huella.

Sin embargo, "¿son las palabras solo música de fondo?" No, no lo son. Aunque Mann regresa a su tierra con algunas de sus antiguas convicciones destrozadas (algunas de ellas forjadas durante la Gran Guerra), hay espacio para la reflexión y para comprender por qué el concepto del escritor sobre la "Fatherland" del título se adelantó a su tiempo y solo fue posible tras haber vivido diferentes guerras, bandos, posiciones, épocas y el exilio. Se trata de una coproducción entre Polonia, Alemania, Francia e Italia, y la cinta transmite con claridad las tensiones dentro y fuera de las fronteras alemanas, como la manipulación política, la presión sobre los intelectuales, la nostalgia nazi y los bandos opuestos de la creciente Guerra Fría al este y al oeste.

Destacan asimismo los escasos toques de humor personal, que funcionan como un guiño a cómo se habrían comportado los Mann en su época, o al menos así lo quiero creer. Asimismo, aparecen las inevitables referencias al romanticismo con el que los alemanes han lidiado históricamente con la muerte. No obstante, no se trata de un denso tratado filosófico: es una historia directa, seria y bien ritmada que se mantiene intrínsecamente humana hasta la rendición final.

Al salir de la sala tras los escasos 80 minutos de rollo, parece que no ha ocurrido nada relevante, pero al mismo tiempo el espectador se siente transportado a otra época y a otro lenguaje visual, lo que le brinda un lugar privilegiado para comprender una escala más grandiosa. Puede que no estuviera familiarizado con la polifacética historia de Thomas Mann, pero Fatherland me convirtió en un afortunado observador mediante una preciosa obra de cine clásico.

"¿No deberíamos dejarlo todo y irnos a Cannes?"

Editor-in-Chief Spain David Caballero was editor-in-chief of Gamereactor Spain, writing for the site from 2011. He covered video games alongside film, tech and wider culture, and interviewed developers at events across Europe.
Perfil completo Autor de Gamereactor desde 2011 · 6.531 artículos publicados
Por qué confiar en Gamereactor
23 Ediciones Cada una con su propia redacción y sus propias notas.
1998 Publicando desde De propiedad independiente todo este tiempo.
100% Jugado a fondo Escrito tras jugar, nunca a partir de material de prensa.
1–10 Nota de la red La nota de cada edición, promediada y a la vista.