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Daemon X Machina

Daemon X Machina - primeras impresiones

Volvemos a ponernos a los mandos de un Arsenal para comprobar la evolución de lo nuevo de Marvelous.

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Cuando jugamos la primera demo de Daemon x Machina, nos dimos cuenta de que, a pesar de que la propuesta es de lo más interesante (¡robots enormes pegando tiros!), algo no iba bien. Pequeños retoques aquí y allá eran necesarios para conseguir que este juego de mech, perdón, de Arsenales, pudiera ser algo realmente atractivo y divertido. Eran pequeñas asperezas. Esos detalles que, por separado, pueden no ser molestos; pero que al apelotonarse comienzan a pesar.

Hecho por Marvelous Entertainment, por un joven que siempre ha preferido pilotar mecas a conducir coches, es una de las grandes apuestas de Nintendo Switch para este año. Tras aquella toma de contacto, todo el equipo, con Kenichiro Tsukuda al frente, decidió tomar nota del feedback recibido para pulir y mejorar mientras los robots repostaban. Ahora, han vuelto para un segundo asalto, y ya sí pueden comenzar a hinchar el pecho con orgullo por lo que están preparando.

Durante la Gamepolis 2019, tuvimos la ocasión de probar la versión más reciente de Daemon x Machina a lo largo de dos misiones. Un nuevo encuentro entre humano y robot, entre jugador y consola, para comprobar qué tal le han sentado los cambios aplicados, esos que no esperaban y esos que sí esperaban hacer en Marvelous.

Daemon X Machina

¿Y qué nos hemos encontrado? La misma esencia, pero repleta de novedades que comienzan a inclinar la balanza más a favor de este juego. Aunque antes vamos a hacer un alto al fuego y vamos a recapitular, sobre todo para aquel que no sepa exactamente de qué va este videojuego.

DxM trata sobre la humanidad en un intento desesperado por sobrevivir ante el ataque de las máquinas. Aunque suena a argumento de una nueva de Terminator, el toque Tsukuda se encarga de marcar las diferencias. La Luna cayó del cielo e impactó en el planeta, dejándolo absolutamente destruido y en ruinas. Los humanos trataron de responder rápidamente creando una enorme red de máquinas controladas por una potentísima IA. Y ahí es cuando entra en juego el detonante del problema.

El Femto, una sustancia que está presente en todo el planeta, infectó a las máquinas hasta el punto de hacerlas mutar (sí, mutar) y comenzar a atacar a quienes las crearon. Ahora los supervivientes no solo tienen que pelear contra toda una legión de robots hiperinteligentes e hiperpoderosos, también tienen que averiguar cómo acabar con la raíz del mal.

Nosotros, en la demo que probamos, no tuvimos ocasión de ahondar demasiado en la historia, de hecho tuvimos que centrarnos más en conocer un poco mejor los menús y, sobre todo, cómo transcurren las misiones ahora que se han aplicado las mejoras que tanto se pedían. Una sesión breve, pero de lo más intensa, y es que este título quiere que cada partida sea un despliegue de adrenalina robótica, de disparos, de velocidad y de desmembramientos (mecánicos).

Daemon X Machina

La primera sensación con esta nueva demo fue exactamente la misma que con la primera: el despliegue de opciones es enorme. Antes de comenzar la jarana, tienes la opción de personalizar tu Arsenal al gusto, cambiando desde colores hasta piezas a través de un menú repleto de configuraciones diferentes. No tuvimos mucho margen de maniobra, puesto que tuvimos que escoger unos Arsenales ya construidos para la ocasión, pero lo poco que pudimos ver era demasiado extenso como para detenernos a contarlo.

Así, escogimos un modelo bastante básico para comenzar una misión de aguante. Teníamos que defender un silo de varias oleadas de enemigos, algo bastante sencillo y que nos sirvió para ir entrando en calor y para recordar, de paso, los controles de juego, a los que tuvimos que sumar familiarizarnos con el giroscopio, ese que ya se ha añadido para apuntar mejor a los enemigos.

Bien resueltos, y alternando entre las dos armas que teníamos, desplazándonos rápidamente por este terreno militar y acabando con todos los robots que venían, tardamos poco en hacernos de nuevo con el funcionamiento del Arsenal. En un par de minutos, ya parecía que formábamos parte de este escuadrón desde hace años e íbamos libremente destrozando cualquier amenaza robótica que se acercara al sitio que debíamos proteger.

Daemon X Machina

Lo cierto es que el manejo sigue siendo muy similar, y en esta primera misión las diferencias entre armas no eran demasiado grandes. Aun así, fue más que suficiente para que experimentáramos y comenzáramos a coger piezas de rivales caídos para usarlas a nuestro favor, algo bastante simple, con tan solo combinar un par de botones. Más nos sirvió para notar los cambios en la interfaz, algo que era muy necesario.

Ahora sí se puede ver de dónde procede el daño, con un pequeño indicador rojo que marca la posición, como también tener otros detalles sobre enemigos como la energía que les queda. Son datos básicos, que consideramos fundamentales para un juego de este tipo, sobre todo cuanto puede haber enfrentamientos contra robots que directamente no caben en pantalla.

Sí es cierto que a veces la cantidad de datos y texto en pantalla es brutal, sobre todo cuando llega una oleada de enemigos que plagan la parte libre de interfaz con sus nombres y datos adicionales. Pero aun así, todo encaja bastante bien y te da margen de reacción para distinguir cada unidad enemiga sin problemas, como también para vaciar cargadores destrozando todo lo que salga a tu paso.

Nos resultó extraña, al menos en la primera misión, la necesidad de introducir secuencias cinematográficas para avisar de las llegadas de nuevas oleadas. Hacer eso cuando estás persiguiendo a una bandada de pequeños robots satélite y estás a punto de hacerlos volar por los aires es un parón innecesario. Es algo de lo que se te puede informar con una caja de texto o a través de los constantes diálogos que hay entre tus compañeros de equipo. Un corte de ritmo que puede llegar en el momento más inoportuno, cuando vas a alcanzar el clímax que estabas a punto de conseguir tras dar caza a la amenaza que tanto te molestaba.

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Pero no nos sucedió lo mismo en la segunda misión. Aquí la cosa se puso más seria, partimos en busca de un robot gigantesco montado en un Arsenal mucho más contundente que el de la anterior ocasión, equipado con una ametralladora a larga distancia y un láser para la media-corta que no era tan eficaz como pensábamos.

¿Nuestro objetivo? Acabar con un gigantesco gusano metálico que no paraba quieto. Se sumergía en la superficie para que no pudiéramos verlo y salía a traición, por lo que tuvimos que optar por desplazarnos siempre por aire para evitar sus golpes. Era tremendamente veloz en tierra, y esquivarlo en su elemento demasiado complicado para nuestra poca pericia con el Arsenal. Si además añadimos que era una auténtica "esponja de balas", el combate no resultaba nada sencillo.

Sin embargo, y a pesar de sus complicaciones, resultaba muy divertido dar caza a este enemigo. Aquí pudimos ver cómo poco a poco se pueden ir inutilizando partes del jefe rival a base de masacrarlas, de forma que cambia su patrón de comportamiento y también su forma de atacar y defenderse. Algo natural, que hace que el combate evolucione no solo por cuánta vitalidad restes (poca, su resistencia era altísima), sino también por las partes que decidas atacar.

Daemon X Machina

Logramos defendernos bastante bien y, de paso, descubrimos que las limitaciones de mapa no están tan bien implementadas como nos gustaría. Los límites están marcados por unas barreras de color, y lo cierto es que podrían haber dejado más margen para tener terrenos más grandes en los que combatir. De hecho, nos ha sorprendido especialmente cómo se limita la altura máxima, inutilizando por completo al robot y haciendo que caiga en picado. Un techo ficticio es mejor opción que ver a tu Arsenal descender al suelo irremediablemente, salvo que logres darle un nuevo impulso antes de caer por completo.

A pesar de todas esas pequeñas pegas, DxM nos iba gustando más y más a medida que lo jugamos en esta corta sesión. Cierto es que ya nos tenía bastante ganados por su apartado artístico, que nos sigue fascinando por sus inesperados juegos de colores y lo bien que queda la estética anime en cualquier cosa que tenga que ver con robots; pero tampoco podemos negar que los cambios han sido a mejor, y que las mecánicas tienen mucho que decir a medida que se ahonda en ellas. No nos queremos ni imaginar lo que se podrá hacer cuando ya se acumulen unas 10 horas de juego, porque lo poco que hemos visto en cuanto a configuraciones y posibilidades ya era brutal.

Casi sin munición ya, y con la vida de nuestro gigantesco enemigo por encima de la mitad, tuvimos que dejar la partida por cuestiones de tiempo. Está claro que, por ahora, lo nuestro con Daemon x Machina está marcado por las interrupciones; pero nos quedó un buen sabor de boca, ese gusto que queda cuando sabes que has probado algo bueno, pero que necesitas más tiempo para saborearlo como merece. Lo degustaremos con profundidad el 13 de septiembre, o antes, para ver si realmente los Arsenales siguen mejorando y logran traer a Nintendo Switch el juego de mechas que nadie esperaba, pero que todos necesitamos.

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