El diablo viste de Prada 2
La secuela del éxito de 2006 suaviza el tono, pero conserva su humor, ingenio y encanto.
Antes de convertirse en la sorpresa de la taquilla de 2006, El diablo viste de Prada era una novela de Lauren Weisberger, que hablaba de su experiencia trabajando en Vogue y denunciaba el despiadado y frecuentemente abusivo mundo de la moda y el periodismo, pero sobre todo apuntaba a Anna Wintour, la famosa editora de Vogue (que dimitió el año pasado, aunque sigue implicada en la revista, así como en la Gala del Met). La adaptación cinematográfica moderó el personaje, haciéndola algo más humana, probablemente como resultado de una mezcla entre la intención de los cineastas de hacer la película más digerible y por el inevitable carisma que aportó Meryl Streep.
El diablo viste de Prada 2, estrenada veinte años después, no se inspira en las dos novelas secuela de Weisberger. La guionista Aline Brosh McKenna y el director David Frankel, que regresan de la primera película, crean una historia completamente nueva que resulta refresca en lo parecida que es a la original, conservando todas sus cualidades e implementando sabiamente no pocos guiños a la actualidad, aunque, una vez más, suavizando los bordes afilados y negándose a profundizar en pos de hacer una película más amable y servicial.
Lo mejor de haber dejado pasar 20 años entre las dos películas es que ahora hay nuevos vicios y males en las industrias de la moda y el periodismo que criticar. Por ejemplo, los despidos masivos y recortes por parte de conglomerados que buscan el máximo beneficio al mínimo coste son una parte clave de la historia, que te traerá inmediatamente a la memoria casos como el de The Washington Post despidiendo a cientos de personas tras ser comprado por Jeff Bezos). La película también describe, aunque de manera superficial, la muerte de los medios impresos, el declive del periodismo en la era del contenido "fast food", los peligros que la IA representa para el periodismo y la moda (y para todo), todo ello mezclado en la era de las redes sociales y los memes.
El contexto ha cambiado mucho y eso hace que The Devil Wears Prada 2 resulte relevante y actual, aunque el núcleo de la historia no cambie mucho, una buena noticia para los fans de la primera película, que se sentirán como en casa. Vuelven los cuatro personajes principales: Meryl Streep como Miranda Priestly, directora de la revista Runway; Anne Hathaway como Andy, su antigua ayudante convertida en periodista de prestigio; Emily Blunt como su otra antigua ayudante ahora convertida en ejecutiva de Dior; y Stanley Tucci como la leal mano derecha de Miranda que sigue a su lado a pesar de lo que ella le hizo en la película anterior...
Se introducen pocos personajes nuevos, y ninguno tiene un papel significativo más allá de ser accesorios de los cuatro personajes principales: afortunadamente, no se trata de otra secuela de "pasar la antorcha", y gran parte del disfrute proviene de ver cómo algunas cosas, por mucho que pase el tiempo, nunca llegan a cambiar, algo que a veces es traumático pero que aquí se representa de una forma divertida. No obstante, algunos de los momentos más divertidos proceden de la constatación de que algunas cosas sí que cambian con el tiempo, y ciertas acciones abusivas de Miranda ya no pueden aceptarse...
Habría sido estupendo que la película dedicara un poco más de tiempo a personajes como los de Simone Ashley y Helen J. Shen, las dos nuevas "Emilies" (que además aportan la necesaria y obligatoria diversidad racial), pero la película ya tiene un ritmo muy bueno y se nota que el guión se ha equilibrado meticulosamente para ser lo más entretenido posible y hacer justicia a todos los personajes sin correr demasiados riesgos ni cometer excesos.
Al final, la película sigue girando en torno a dos cosas principales: la relación abusiva entre Andy y su antigua jefa Miranda, que pone a prueba la paciencia de la primera en todo momento; y el intento de Andy y su antigua compañera de trabajo Emily de tener una amistad entre. Esa línea argumental es también un certero recordatorio de que 20 años parecen muchos, pero en realidad no son tantos: nunca sabes con quién te vas a encontrar en el futuro, así que la amabilidad hace mucho...
Los conflictos y puntos de la trama y cómo se desarrollan son muy similares a los de la primera película, y al igual que en 2006, la aguda crítica a las industrias de la moda y el periodismo y a la deshumanización del capitalismo se desvanece rápidamente en pos de una historia mucho más simple y edulcorada. La falta de un personaje como el de Adrian Grenier, el novio de Andy en la primera película, que intentaba alejarla de ese mundo tóxico (un personaje que fue odiado casi universalmente por ser él mismo tóxico y no apoyarla, algo en lo que no estoy necesariamente de acuerdo), es una ratificación de que la película, en el fondo, acaba blanqueando ciertos valores que quizá deberían criticarse más duramente en lugar de... vestirse de Prada.
¿Es eso algo malo para la película? Aunque pueda tener conflictos morales al respecto, la realidad es que El Diablo viste de Prada 2 está aún menos interesada que la primera película en ser una crítica profunda de nada, y su mayor pretensión es ser una historia entretenida entre personajes carismáticos, con diálogos ingeniosos, cameos, chistes que parodian el mundo de la moda y muchos giros inesperados. Y estoy más que conforme con ello, porque todo funciona extraordinariamente bien, es siempre entretenida, divertida y encantadora, y Streep, Hathaway, Blunt y Tucci están tan magníficos como cabría esperar.
De hecho, The Devil Wears Prada 2 me recordó el estilo de películas sinceras y "feel-good" que Hollywood ya no hace porque parece que siempre tienen que ser ácidos, posmodernos y en general más inteligente que el público. Existe la creencia de que el público actual no caerá en la ingenuidad de las comedias estadounidenses de los años 90 y 2000, quizá porque eran problemáticas en cuanto a representación y diversidad, o porque utilizaban demasiados clichés e ideas manidas. Y normalmente ambas cosas eran ciertas, pero teniendo eso en cuenta, lo que siempre las movía era el deseo sincero de hacernos sentir bien.
Y El diablo viste de Prada 2 te hará reflexionar sobre el decadente y feo mundo capitalista, y te hará preguntarte hasta qué punto quieres realmente apoyarlo y formar parte de él. Pero también te hará sentir muy bien.





