El juicio contra Gjert Ingebrigtsen, padre del corredor noruego Jakob Ingebrigtsen, medallista olímpico y campeón del mundo, continúa en su segunda semana. Fue acusado por tres de sus hijos, Jakob, Flip y Henrik, todos ellos atletas olímpicos, de malos tratos psicológicos y físicos hacia ellos, así como hacia su hermana Ingrid, que ahora vive en una familia de acogida, tras un incidente ocurrido en enero de 2022, cuando Gjert presuntamente azotó a Ingrid en la cara con una toalla mojada, lo que hizo que los hermanos cortaran los lazos con su padre, que era su entrenador.
En el testimonio de Gjert, el padre, de 59 años, ha negado que les pegara nunca, afirmando que está totalmente en contra de la violencia. Negó las acusaciones de Jakob, que le acusó de golpearle en la cara cuando llegaba tarde a una carrera y de darle una patada en el estómago cuando se cayó de un patinete cuando era niño. Gjert sí confirmó que en una ocasión tiró su PlayStation por la ventana porque quería "implantar la no violencia en la educación de mis hijos" y éstos tenían "una necesidad constante de jugar a juegos con elementos de violencia" (según The Guardian, citó como ejemplos Counter Strike y Grand Theft Auto), porque "la violencia no es una solución para nada".
Gjert, que rompió a llorar varias veces, dice que es impensable que pudiera llegar a pegar a sus hijos, explicó su versión del incidente de la toalla con Ingrid, diciendo que sólo hizo contacto con su dedo, y dice que la echa de menos todos los días, ya que desde entonces no vive con sus padres. En su defensa, el entrenador se describe como un padre excesivamente protector, a la altura de la ambición deportiva "absolutamente extrema" de algunos de sus hijos (vía BBC Sport), y dice que los quiere mucho.
Gjert Ingebrigtsen se enfrenta a una pena de hasta seis años de prisión por conducta abusiva hacia Jakob e Ingrid. El juicio durará hasta el 16 de mayo.