Aunque conserva algunos toques de cine de autor, Histoires de la Nuit (The Birthday Party) es todo lo contrario de lo que cabría esperar de una película a concurso en el Festival de Cannes. Porque, sí, la última obra de Léa Mysius (una adaptación de la novela homónima de Laurent Mauvignier) te hace reflexionar sobre la naturaleza humana y el valor de la confianza, y tiene un enfoque cultural en varios aspectos, pero se trata sobre todo de un thriller de suspense ágil y compacto en el que la incógnita de quién es quién y qué va a pasar intenta mantenerte en vilo. Esto no es necesariamente algo malo (de hecho, supuso un soplo de aire fresco en el festival), y cumple su objetivo la mayor parte del tiempo.
Así, la cinta consigue crear tensión de forma decente en algunos de sus pasajes, y el escenario rural francés le aporta un aspecto y una atmósfera únicos al conjunto. No es demasiado plana, pues se guarda un par de giros inesperados bajo la manga, y tiene un sentido del humor muy personal que consigue sacarte una risa nerviosa. Sin embargo, también resulta un poco basta en algunos aspectos, y su final, aunque encaja narrativamente, me pareció torpe en su ejecución.
Uno de los aspectos que más me irritó personalmente tuvo que ver con el diseño de sonido, concretamente con la música de fondo insípida y repetitiva o el uso de ruidos muy básicos y anticuados, MUY ALTOS en la mezcla, para intentar descaradamente potenciar el efecto de sobresalto. Histoires de la Nuit es mucho mejor cuando son los propios personajes los que crean la tensión a través del diálogo, y en ocasiones me recordó al estilo de Tarantino, pero con ese toque europeo antes mencionado.
Esos personajes funcionan bastante bien en general, con buenas interpretaciones de Hafsia Herzi (Nora), Bastien Bouillon (Thomas), Benoît Magimel (Franck) y Monica Bellucci (Cristina), junto con la joven promesa prepúber Tawba El Gharchi, que, más que la protagonista, hace de convincente niña nexo entre todos ellos. Me gustó la evolución de la pareja (Nora y Thomas), con el marido convirtiéndose poco a poco en una versión irónica y más cautivadora de sí mismo y la mujer transmitiendo una peculiar sensación de dolor, seriedad y secretismo. Sin embargo, fichar a Bellucci como personaje secundario (una vecina artista) conlleva riesgos evidentes, pues se lleva claramente todo el protagonismo en varias secuencias con su estoicismo característico y su profunda expresividad. Franck también hace que sus hermanos queden un escalón por debajo, pero es algo alineado con la jerarquía del trío.
A medida que las cosas se van poniendo inevitablemente más feas y el misterio se mantiene bien guardado durante un tiempo, lo que parecía una simple historia de extorsión se convierte en una aventura más personal, también para el espectador, y ese es quizás el mayor logro de esta película, aunque no intente nada especialmente nuevo o sorprendente. Pone a prueba el concepto de los lazos familiares y habla de la redención y la culpa, y cuando se pone más retorcida, también lo hace con buen tacto. A fin de cuentas, es un thriller aceptable que no me arrepiento de haber visto, si bien su torpe desenlace amarga el regusto que deja.

