Nos despertamos con la noticia de que Japón acababa de registrar un nuevo mínimo de población tras una caída récord el año pasado, a pesar del aumento de la inmigración. El mismo día, nos enteramos de que, precisamente debido a la inmigración, España está ahora un paso más cerca de los 50 millones de habitantes.
Según recoge la agencia EFE, las personas nacidas fuera de las fronteras españolas contribuyeron a un aumento total de la población de 119.811 durante el trimestre primaveral, para un total actual de 49.315.949 residentes a 1 de julio (hace aproximadamente un mes).
Sin embargo, al igual que en país nipón, y según publica elInstituto Nacional de Estadística (INE), el número de nacidos en España descendió un trimestre más. En el mismo periodo, se incorporaron a la población 95.277 extranjeros, con lo que el número total de residentes extranjeros ascendió a 7.050.174 (aproximadamente un 14% frente al 3% nipón). Mientras tanto, 24.534 personas adquirieron la nacionalidad española, compensando parcialmente el descenso de los nacidos en España.
Si comparamos las cifras anuales, España sumó 508.475 ciudadanos en total, cuando las noticias de hoy sobre Japón hablaban de una pérdida de más de 900.000.
Con la inmigración en el centro de los titulares, la política y la controversia mundiales, estas cifras contrastadas arrojan luz sobre las diferentes realidades demográficas de dos países muy distintos y distantes (a pesar de su amor compartido por el arroz, el pescado y el flamenco).