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Tron: Ares

La tercera entrega de Tron es la más accesible de la serie, pero un tono inconsistente y un guion irregular la impiden despegar.
Javier Escribano Editor Spain 7 octubre 2025

Tron, una de las franquicias más esporádicas de Disney, vuelve esta semana con Tron: Ares, una película que tardó tanto en hacerse que pasó de ser una secuela de Tron: Legacy a un soft-reboot, empezando con un nuevo conjunto de personajes (sólo vuelve Jeff Bridges). Tanto la original de 1982 como la secuela de 2010 tuvieron resultados similares: rendimiento irregular en taquilla, fueron rechazadas mayoritariamente por la crítica, pero, con el tiempo, crearon una gran base de fans. La revalorización de los fans no se produjo, sin embargo, por sus apasionantes historias o memorables personajes, sino sólo porque eran maravillas audiovisuales.

La original se ganó su derecho a ser recordada como una película de culto de los años 80 y la primera en incorporar los ordenadores y la inteligencia artificial no sólo en sus tramas (eso distaría mucho de ser novedoso), sino también en sus efectos visuales, con primitivas imágenes CGI que en su momento la crítica y la Academia consideraron que era "hacer trampas" (a pesar de que también utilizaba muchas técnicas ópticas tradicionales mezcladas como efectos digitales para dar vida al aspecto de los ordenadores por dentro). No se parecía a nada de lo que se había hecho antes y sigue resultando muy atractiva para los retromaníacos, pero argumentalmente era un desastre: reto a cualquiera a que vea esa película ahora y no pierda la concentración por la trama sin sentido, las interpretaciones pésimas y la dirección sin pulso.

La secuela mejoró un poco las cosas, pero no lo suficiente como para eganchar a los espectadores... más allá de los extraordinarios efectos digitales y la envolvente banda sonora de Daft Punk, posiblemente el álbum que salvó a la banda después de Human After All. ¿Conseguirá finalmente Tron: Ares captar nuestra atención con sus personajes como historia tanto como con sus efectos visuales y su música?

Tron: Ares sólo tiene un guionista acreditado, Jesse Wigutow, basado en una historia de David Digilio y el propio Wigutow, pero en la más de una década que tardó Tron: Ascension (la secuela cancelada de Legacy ) en transformarse en Ares, mucha gente trabajó en su guión. El sindicato WGA atribuye a diez personas más haber trabajado en "material literario adicional". Eso no significa necesariamente que lo que trabajaron haya quedado en la película, pero nos recuerda que no se trata del trabajo de un autor que tiene una idea, como Lisberger con el original, e incluso Legacy, con los guionistas de Lost y Once Upon a Time Edward Kitsis y Adam Horowitz.

En lugar de eso, es el resultado de interminables reuniones ejecutivas dentro de Disney para intentar capitalizar su IP, contratando guionistas para dar sentido al disparatado universo Tron y encontrar algún tipo de idea argumental que funcione y que, por una vez, no asuste al público mainstream. Este método de trabajo corporativo no siempre da lugar a cosas malas, pero a menudo conduce a películas carentes de personalidad, como ocurre en este caso: la historia tiene potencial, pero se ahoga muy pronto por un desarrollo precipitado de los personajes, giros argumentales sin sentido y un humor inexplicable que añade una sensación de frivolidad y ligereza que no se ajusta a este universo.

Las películas de Tron nunca han sido ciencia-ficción profunda y cerebral, pero siempre se han tomado en serio a sí mismas y aspiraban a una sensación casi mítica de escala épica. Tron: Ares es mucho más incoherente con el tono, y se parece mucho más a una película genérica de fantasía o de superhéroes, con humor tonto metido con calzador por todas partes (incluido un personaje que solo existe para aportar alivio cómico), un villano exagerado y teatral, diálogos poco naturales que explican la trama y un montón de momentos catárticos forzados de los personajes que caen en saco roto porque el guión carece de convicción y cohesión debido a las interminables reescrituras.

Por otra parte, Tron: Ares es más digerible que sus predecesoras: tiene un ritmo muy rápido y te mastica todas las emociones que se supone que debes sentir para que sea más fácil de seguir, a pesar de que nada tiene sentido (quizá por eso tiene un ritmo tan rápido, para que no tengas tiempo de pararte a cuestionar si algo de lo que te están contando suena creíble).

Así que, en cierto modo, es la película de Tron más entretenida de todas, pero sólo si estás dispuesto a seguir a unos personajes que hacen lo mínimo para ganarse tu cariño y a ignorar el enorme potencial perdido, desaprovechando todas las oportunidades que tiene de hacer un comentario reflexivo sobre el auge de la IA o el dilema de los peligros de los avances tecnológicos al estilo Crichton, y convirtiéndola en una aventura infantil y llena de clichés que, con demasiada frecuencia, se parece a más a las películas de Sonic que a la propioa Tron: Legacy.

Las interminables reescrituras parecen haber masacrado especialmente al personaje de Ares, interpretado por Jared Leto. Concebido como un programa de seguridad capaz de cobrar "vida" en el mundo real, pasa por el predecible arco "una Inteligencia Artificial que cuestiona su propia existencia", pero es tan precipitado que nunca se siente como un personaje auténtico, y su relación posterior con el otro personaje principal, interpretado por Greta Lee, es tan forzada y artificial que no puedes evitar sentirte manipulado. Puedo llegar a entender lo que pretendían hacer con estos personajes, pero no funciona, y se nota que no se esforzaron en hacerlo natural. O tal vez todo el buen trabajo se perdió entre la sexta y séptima reescritura.

Sería tentador culpar a Leto y a su falta de carisma, pero su personaje, un programa informático entrenado sólo para matar, no tendría por qué ser carismático, creo yo. Sin embargo, de algún modo, los guionistas (o los estudios de audiencias) decidieron que tenía que ser un tipo "guay", inventándose una caracterización que no se explica de ninguna forma.

De nuevo, lo entiendo: las películas de Tron nunca han destacado en el desarrollo de personajes, así que los guionistas decidieron (o los ejecutivos exigieron) que los personajes fueran más memorables... es decir, que se pudieran resumir en una sola frase. No importa lo unidimensionales o intercambiables que sean, mientras mantengan la película en marcha todo el tiempo y añadan una motivación rápida y superficial y algo de humor.

Eso es lo que genera también el aspecto más controvertido de la película: que transcurre en su mayor parte en el mundo real, con los personajes digitales corriendo por las calles de una típica ciudad norteamericana. Las dos primeras películas tenían lugar en el mundo digital y por ello destacaban del resto, con unos efectos especiales apabullantes, pero quizá resultaba demasiado friki para la mayoría del público, así que Disney optó por seguir el camino del reverse-isekai (traer elementos fantásticos en el mundo real), con motos de luz que circulan por las ciudades, lo que da lugar a varias persecuciones de coches genéricas (y probablemente más baratas).

Aproximadamente el 30% de la película transcurre en el mundo digital, lo que afortunadamente da lugar a dos escenas de acción impresionantes pero breves. Y, a decir verdad, las estelas de luz de las motos y otros vehículos y armas que utilizan los personajes en el mundo real tienen un aspecto tan impresionante como en Legacy. Todo esto, y algunas sorpresas, sigue significando que el comentario habitual de Tron se mantiene: la trama y los personajes de Ares son flojos, pero los efectos visuales y la música son impresionantes.

El tiempo dirá si la partitura de Nine Inch Nails acaba siendo tan celebrada como la de Daft Punk de Legacy, pero es innegable que suena muy bien en la película y le da una energía añadida. No es de extrañar que la banda sonora acabe siendo uno de los aspectos más positivos de la película. Uno de los muy pocos. Incluso las ideas realmente buenas de la historia, con algunos guiños geniales a la película original, acaban siendo en su mayoría infrautilizadas y demasiado superficiales.

Tron: Ares es el resultado de una simplificación y se podría argumentar que "marvelificación" de la serie para intentar complacer a un público más amplio al que las películas anteriores no pudieron llegar y, esta vez, para relanzarla como franquicia activa (una escena post-créditos incluida, ocurre al principio de los créditos finales). La premisa de la tecnología que invade nuestro mundo está infrautilizada, la trama es genérica y chapucera, y los personajes no tienen profundidad. Y lo que es peor, los aspectos visuales de la película se resienten con la decisión de llevar la acción al mundo real, aunque el CGI siga siendo impecable. Es la película más accesible de la serie, tan entretenida como olvidable, pero no se convertirá en la película de culto de nadie.

Editor Spain Javier Escribano wrote for Gamereactor from 2024, covering sport alongside video games and world news. His work appeared on the Spanish and international editions.
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