Taiwán se está preparando para una guerra que no puede ganar por números o por fuerza bruta, así que está realizando maniobras con su ejército para repeler y desgastar una invasión terrestre a través del estrecho que le separa de la China continental. Sus recursos se centran en armas móviles y menos pesadas, que permitan realizar un ataque selectivo y retirarse rápidamente antes de que al ejército invasor de la República Popular China le dé tiempo a detectar la posición de lanzamiento en el radar.
En las maniobras se ha realizado un disparo de prueba de un misil HIMARS de fabricación estadounidense (Lockheed Martin) mediante lanzaderas Thunderbolt-2000 de fabricación taiwanesa. Este tipo de misiles es una de las principales líneas de defensa de Ucrania en la invasión rusa y tiene un alcance de 300 kilómetros, lo que serviría para alcanzar objetivos costeros en la provincia de Fujian, en el sureste de China, al otro lado del estrecho de Taiwán. Las playas y marismas de la costa oeste de Taiwán son la zona más probable para el desembarco de tropas chinas en caso de invasión.
"Nuestros HIMARS demostraron las sólidas capacidades de combate de la unidad y completaron con éxito este entrenamiento", dijo el comandante de la compañía, Ko Ming-pin, según recogen desde Reuters. El ejercicio tenía como objetivo demostrar la movilidad del HIMARS y su capacidad para "disparar y retirarse", lo que "mejora enormemente la capacidad de supervivencia en el campo de batalla".