Hoppers, la última película original de Pixar antes de que Toy Story 5 llegue a los cines en junio, sale de la mente del director Daniel Chong, más conocido por su trabajo en el programa de Cartoon Network Somos osos y su película de 2020. Aunque no todas las últimas películas de Pixar han gozado del mismo nivel de éxito y valoración crítica, es notable el esfuerzo realizado por el estudio para diversificar la cartera de autores procedentes de distintos ámbitos y que aportan ideas nuevas y originales, como Turning Red de Domee Shi, Luca de Enrico Casarosa o Elio de Adrian Molina, alternando secuelas seguras con ideas arriesgadas. Hoppers es un gran ejemplo que demuestra que el proyecto Pixar sigue funcionando, produciendo películas de calidad que siguen sorprendiéndonos.
Hoppers cuenta la historia de Mabel, una adolescente que lucha contra la construcción de una autopista que destruiría un estanque lleno de todo tipo de animales. Su última oportunidad para detener las obras es demostrar que aún está habitado por castores, y mientras investiga, descubre un programa que permite a los humanos introducir su conciencia en un castor robótico. Transformada en castor, se hace amiga de los animales del bosque e intenta idear un plan para detener la construcción... pero suceden muchas cosas que es mejor no desvelar y que alteran por completo sus planes, y nuestras expectativas viendo una película de Pixar.
La mayor virtud de Hoppers es lo imprevisible que es y su falta de complejos al priorizar sorprender y divertir al espectador en todo momento, incluso a costa de sentirse a veces contradictoria consigo misma. El objetivo de Mabel es detener la construcción de la autopista, pero tras unos cuantos giros locos, sus motivaciones cambian drásticamente, y la película se mueve en otra dirección que es más divertida, pero hace que la moraleja de la historia pierda el foco. Los obligatorios momentos de tranquilidad y reflexión entre el segundo y el tercer acto no enlazan de todo bien con lo que hemos visto antes y carecen del peso emocional que se pretendía, especialmente para lo que esperamos de Pixar. La película es, por supuesto, muy dulce, poniendo gran parte de su corazón en la relación entre Mabel y un castor, pero no es tan manipuladora emocionalmente como la mayoría de las películas de Pixar: probablemente guardes las lágrimas para Toy Story 5 en tres meses.
No mentiré, es un alivio ver una película de Pixar sin extrañas ideas conceptuales repletas de capas y simbolismo que a veces se interponen en la diversión, y con una trama y un villano más llanos que no proceden de la introspección de los protagonistas y cosas así. La lección medioambiental es inconfundible y no muy profunda, y recuerda a la extrañamente similar Robot salvaje, que parecía más una película de Pixar que Hoppers. En realidad, debido al mayor enfoque en la acción, el humor chiflado y un montón de situaciones absurdas, Hoppers se siente más cercana a películas de estudios competidores como Sony Pictures, DreamWorks o Illumination (aunque ciertamente mejor que cualquier cosa del estudio de Minions).
Y en su mayor parte funciona: Hoppers es la película más divertida de Pixar en mucho tiempo, e incluso se atreve a jugar un poco más con la animación para conseguir efectos cómicos y estilísticos. El coste de ello es que carece de la delicadeza de otras películas de Pixar. Más concretamente, el crecimiento y la evolución de Mabel como personaje son un poco contradictorios y el guion a veces da la sensación de estar improvisando sobre la marcha sin saber realmente hacia dónde quiere llegar. En otras palabras, lo que la hace tan especial (lo extraña y única que se siente) también le impide alcanzar mayores cotas.
Hoppers no es una obra maestra de Pixar, pero es una de las películas más frescas del estudio, y me atrevo a decir que acabará siendo una de las películas más memorables del Pixar moderno. Es divertida, muy entretenida, te sorprende a cada paso, y aunque a veces parezca una mezcla de ideas sin filtro sin conseguir que todas cuajen, es sin duda dulce y nos deja muy buen sabor de boca.
