
Un subidón de adrenalina te invitaba a apretar los dientes mientras en la cara se dibujaba una sonrisa de oreja a oreja. Habías logrado montar una buena en el centro comercial con un par de objetos y pisar cientos de cadáveres a tu paso producía placer. Era 2006 y el nombre del juego, Dead Rising.
Es difícil saber decidir dónde trazar exactamente la línea en la que los zombis se pusieron de moda en los videojuegos, porque si nos ponemos a mirar catálogo no se puede negar que hay que mirar muy, muy atrás. Fuera del tiempo está Resident Evil. Pero yo diría que el punto de inflexión está en 2010, el año en el que coincidieron la serie de televisión The Walking Dead y el modo Zombi de Call of Duty: Black Ops.
Hasta entonces ya habíamos tenido títulos como Left 4 Dead, Plants vs Zombies y el honrado Dead Rising; sin olvidar del primero de Activision, Call of Duty: World at War. El juego de Treyarch es precisamente el que marca el cambio de testigo entre dos generaciones de víctimas de nuestros tiroteos. Los zombis comienzan a ocupar el lugar de los nazis con una facilidad pasmosa. Y no es difícil entender por qué. Nadie se va a enfadar porque mates a un muerto, no tienen sentimientos ni valor. Sus movimientos son pura maldad, solo quieren hacer daño y sin motivación alguna más allá de aumentar la plaga de carne errante.

Es una visión del grupo a que solo se aproxima en esta sociedad la que se tiene de los nazis. Nadie (o casi) va a protestar porque sean descuartizados sobre una cinta transportadora. Han sido la víctima más destruida en los títulos de guerra hasta que se puso de moda la versión moderna. Pero la razón fue el propio agotamiento de la Segunda Guerra Mundial como temática.
El impacto que el éxito de The Walking Dead y Call of Duty: Black Ops supuso en el mundo del videojuego fue tan fuerte que no hay año en el que no salgan un par de títulos de gran presupuesto con no-muertos, así como muchos otros de menor tamaño. Rockstar se subió al tren con el Undead Nightmare de Red Dead Redemption 2, y desde entonces ha habido tres Dead Island, H1Z1, The Last of Us, State of Decay, DayZ, Deadlight, las secuelas de Dead Rising, Lollipop Chainsaw, ZombiU y tantos otros.
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Es una moda que aun no ha pasado, porque a la vuelta de la esquina están Dead Island 2, 4 Dead Rising, Stay of Decay 2, Resident Evil 7: Biohazard, Days Gone y la tercera temporada de The Walking Dead. Además de los títulos con modos alternativos o DLC en los que hay algún zombi esperando ser rematado. Por tanto, no hay ningún indicio de que esta histeria vaya a terminar, al contrario, da la sensación de que aun no ha llegado a su tope. Y es así porque una comercial que respalda estas decisiones de diseño, en caso contrario no se haría.
Tal vez sea cosa mía, pero empiezo a sentir que ya he tenido bastante. Me gustan los zombis tanto como al que más, pero empieza a darme lástima comprobar que son carne de cañón para todo, a veces el recurso fácil de un diseñador que no sabe qué meter. Esto no quiere decir que no hayan dado un resultado magnífico en multitud de títulos. Se trata de encontrar un poco de variedad, enemigos que tengan su propia historia y sus propios objetivos en el mundo, que cuando caen te hacen sentir algo más que estar machacando maniquíes.
Sé que es un problema grave, que no es fácil dar con enemigos que estén a la altura de un gran título. 343 Industries, por ejemplo, introdujo los Prometeos en Halo y no creo que tuvieran el nivel. O algo peor, como lo que hizo The Coallition al recurrir a los robots para Gears of War 4. Seguro que a cada uno se le ocurren diversos ejemplos de especies o familias que apuntaban muy alto como enemigos y quedaron en nada.

Por tanto, es difícil dar con el diseño de un enemigo que sea bueno y fiable. Es también una gran inversión que no siempre tiene la valoración que se merece. Y, de hechos, algunos estudios pensarán que no merece la pena intentarlo si los compradores han demostrado que enfrentarse a los no-muertos ya les deja satisfechos.
En estos momentos, escoger a poblaciones reales es una decisión complicada porque aparecen críticas de aquí y de allá, ya sea contra indígenas, africanos, árabes o rusos. Básicamente porque se expone ante el problema de racismo si no hay detrás una argumentación muy sólida de por qué esos pueblos son los malos, y es una polémica que la mayoría de los desarrolladores no tiene ganas de afrontar de nuevo. Al final lo que queda es volver a los nazis, seguir con los zombis o inventar nuevas razas, algo más complicado desde el punto de vista del diseño.
Yo sueño con que podamos volver a encauzar esta industria y encontrar un punto de equilibrio. Poder ver una reducción drástica del número de juegos que utilizan elementos genéricos como rivales, excepto cuando hay un motivo para que sea así como este nuevo Dead Rising, en el que qué más da si es una cosa u otra lo que va acabar descuartizado. Enemigos inteligentes en los que sea más complicado dibujar la línea entre el bien y el mal, dejar el blanco y el negro por una escala de grises.
Es un tema que tanto otros redactores de Gamereactor como yo llevamos un tiempo pensando. ¿Te lo has planteado alguna vez? ¿Empiezas a estar harto de los zombis como nosotros?
