Este verano que pronto termina marcó un 30 aniversario muy importante para el sector de los videojuegos. Hace tres décadas, una compañía japonesa de juguetes llamada Nintendo lanzó al mercado su videoconsola dedicada a toda la familia Famicom, mejor conocida fuera del territorio nipón como Nintendo Entertainment System (NES).
Aunque podría parecer impensable para muchos, la NES es la consola clave en la historia de la industria, pues prácticamente ella solita rescató el mercado de su inminente extinción. El panorama -si es que hubiera alguno- sería muy diferente hoy en día de no haber existido esta máquina.
La historia comienza el 7 de diciembre de 1982. Atari, la por entonces líder del sector, presentó sus pronósticos financieros para el siguiente trimestre. Los inversores esperaban un pico del 50%. Atari proyectó un 10-15%.
Los accionistas salieron huyendo, el valor en bolsa se desplomó y la burbuja del videojuego explotó. El mercado estadounidense de las consolas en 1983, alcanzando un cese de ventas que sumaban 3.200 millones de dólares, colapsó, encogiéndose durante el siguiente trienio en unos 100 millones de dólares.
Fueron muchas las razones. A principios de los 80, el desarrollo 'third party' era raro, de modo que cualquiera que entrara en la industria de las consolas en teoría tenía que fabricar su propia máquina sobre la que producir sus títulos.
Muchos intentaron poner un pie en este mercado, con sistemas que se parecían demasiado entre sí. Tanto el de las consolas como el mercado de los juegos de ordenador estaban inundados de juegos malos con el sello de compañías que pensaban más en hacer caja que en la calidad. Los desarrolladores de juegos, quienes realmente controlaban buenos diseños o tenían tiempo, se contaban con los dedos de una mano. Más juegos sufrían una enorme cantidad de 'bugs', y todavía quedaba mucho para la era de los parches post-lanzamiento descargables online.
Esta falta de innovación erosionó y estuvo a punto de matar el mercado estadounidense, por entonces el más grande del mundo. Grupos interesados comenzaban a cuestionar el efecto que tenían los videojuegos sobre los videojugadores. La era dorada se acercaba a su fin.

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Justo en ese momento, existía una compañía japonesa que decidió echar un paso al frente y remar contracorriente. Esta empresa era la fabricante de juguetes Nintendo, y el nuevo impulso estuvo liderado por dos hombres: el implacable hombre de negocios y propietario de la compañía tras cuatro generaciones Hiroshi Yamauchi y el soñador, dibujante y ya diseñador de juegos Shigeru Miyamoto.
No era la primera vez que Nintendo probaba suerte con el sector. EVR Race, de 1975, un juego de apuestas de carreras de caballo, terminó siendo un fracaso porque su máquina usaba cintas de vídeo y necesitaba mantenimiento. Pero tras el éxito que llegó con títulos japoneses como Space Invaders, Yamauchi estaba convencido de que había pasado el tiempo suficiente y el sector había madurado como para que Nintendo apostara de nuevo por la industria de los juegos. Yamauchi creó nada menos que tres departamentos de desarrollo separados dentro de la organización y les puso a competir entre sí para encontrar las soluciones más innovadoras.
En 1980, la compañía dejó su imborrable huella en la industria de los juegos portátiles al lanzar las máquinas Game & Watch en base a la idea de Gunpei Yokoi (quien luego estuvo detrás tanto de la Game Boy como de la serie Metroid).
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Yamauchi, sin embargo, quería una consola para el salón de los hogares con cartuchos intercambiables que, como la Atari 2600 en EEUU, pudiera dominar el mercado nipón. Japón era de hecho el único mercado en el que Atari, pese a su nombre inspirado en el idioma nipón, no se distribuía libremente. Al mismo tiempo, Yamauchi quería una consola lo suficientemente asequible como para que todo el mundo pudiera comprarla, lo bastante diferente y única como para poder dominar el mercado todo el tiempo posible y finalmente que fuera fácil desarrollar juegos para ella. Yamauchi tenía la noción de que los artistas eran los que creaban los buenos juegos, no los técnicos, informáticos o programadores, una idea totalmente inusual en aquella época.
La solución fue presentada por el diseñador Masayuki Uemura, y apoyada sobre un modelo de negocio sin igual, la Famicom se puso a la venta en Japón el 15 de julio de 1983. Tres títulos de lanzamientos -todos diseñados por Shigeru Miyamoto- estaban listos de salida: Donkey Kong, Donkey Kong Jr. y Popeye. Dos meses después se había vendido la asombrosa cifra de medio millón de máquinas y antes de fin de año más de un millón de familias niponas la tenían en el salón de casa. Había comenzado el fenómeno, que llegó a EEUU en 1985 y a España y el resto de Europa al año siguiente.
El resto, como se suele decir, es historia. A nivel mundial se vendieron finalmente casi 62 millones de NES, convirtiéndose naturalmente en la videoconsola más vendida de la época. ¡Feliz cumpleaños!

La creatividad y la calidad eran lo primero, pero tampoco viene mal si te ayuda un simpático fontanero bigotudo y saltarín.