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Dragon Age: Inquisition

GOLY 2015 - Dragon Age: Inquisition

Antes de conocer el GOTY de 2015 vamos a ver recordar cuál fue el mejor juego del año pasado y por qué.

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Sabes que tienes un clásico moderno en tus manso cuando, tras 200 horas de juego, consigues hacer que aparezcan los créditos del último DLC y te dices, 'por qué se acaba ya'. Dragon Age: Inquisition fue la continuación de esta popular serie de aventura épica de Bioware y trajo carne bien fresca. Una experiencia inmersiva y expansiva marca de la casa capaz de contentar a los fans de toda la vida y los nuevos jugadores. Por eso se llevó el título GOTY 2014 (Game of the Year, mejor juego del año), un galardón que hemos querido recordar con nombre renovado a GOLY 2015 (Game of the Last Year, mejor juego del año pasado).

Antes de empezar el juego pasas un rato con Dragon Age Keep para poder importar todas las decisiones que hayas tomado en los dos títulos anteriores, Origins y DA2, aunque sea de una forma un poco chapucera. Cada elección que hubieras hecho antes, las decisivas y determinantes (al fin y al cabo tu Guarda Gris es un pilar del reino), las menores y personales, todas se vienen contigo. Te pasas al menos una hora ajustando estas opciones pero a la vez te sirve para recordar bien lo que ha pasado en los títulos anteriores y te predispone a lo que está por venir. ¿Cuántas de todas esas decisiones que tomaste hace años van a pasarte factura ahora en DA:I?

Cada elección llega al epicentro de la experiencia. El sistema de personalización de personajes al detalle que ha creado Bioware te permite poner del lado de los magos o de los templarios y escoger después una infinidad de elementos que no solo afectan a su apariencia o a su profesión, también tienen que ver con voz e incluso con su pasado. Puedes decidir siendo una versión 'malota' de ti mismo o alguien completamente distinto, al gusto. A medida que progresas en la partida vas a conocer y a llevar contigo a varios personajes con los que vas a ir construyendo un equipo del que ir escogiendo a quién te llevas a cada misión porque cada uno ofrece opciones distintas. Según os vais ayudando unos a otros así van cambiando vuestras vidas y todo el mundo a vuestro alrededor. Aquí lo que importa es el nivel de control, que te hace sentirte como el auténtico narrador y no solo un recipiente pasivo al que trasladar el contenido.

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Como decíamos, la personalización no se refiere al color de pelo o a la forma de las orejas. El juego es tan expansivo y da tantas alternativas que la experiencia de juego la decide la persona. ¿Que te gusta pelear? Ponte bravo y vete a matar dragones, gigantes, magos y hordas completas de criaturas. ¿Que eres un pacifista? Ponte a lanzar hechizos y escaquéate del combate, o al menos afróntalo de una forma más táctica. ¿Que tienes un día creativo? Pásatelo mezclando y fabricando pociones, armas, armaduras y otras alquimias. ¿Un lobo solitario? Pasa de los romances y de la interacción con otros personajes, que son muchas, y dedícate solo a las misiones de la historia principal. Es tu juego, tú tomas decisiones y lo haces a tu gusto. Así es como se te esfuman las horas, unas veces tranquilamente escogiendo cortinas en Skyhold y otras peleando durante un buen rato con un dragón de hielo. Es un juego que va a tu ritmo.

Dragon Age: Inquisition
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Nos encantaron los personajes nuevos. Eran inteligentes, con chispa. Bioware tiene unos guionistas brillantes que son capaces de hacernos conectar emocionalmente con ellos, como si fueran gente de verdad. Es muy interesante ponerse a conocer y a indagar en una raza concreta de la que habíamos tenido poco más que una impresión superficial en títulos anteriores. La devoción religiosa de los Qunari o el mal humor de los Iron Bull, conocer por fin a los Avvar... Puedes intentar tumbar a una cuadrilla de mercenarios, pero a beber, conocer a un personaje transexual que ha roto todos los esquemas de los videojuegos y hasta gastar bromas. Hay momentos divertidos y otros trágicos que hacen que saltar las lágrimas, incluso tiene ratos en los que hay que dejar el mando para que ocurra lo que tenga que ocurrir. Esta es la diferencia con Skyrim: tienen los mismos elementos (la magia, la espada, los monstruos, la gestión), pero en Inquisition hay mucho más apego a los personajes, hasta llegas a preocuparte por sus cosas. Es una experiencia inteligente desde el punto de vista emocional.

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Pero no todo son risas y llantos. Tus compañeros de viaje enredan y flirtean mientras tú te quedas fascinado por un paisaje. Dragon Age: Inquisition tiene un mapa amplio compuesto por mundos diseñados con mucha creatividad. Bioware ha sabido sacarle jugo tanto a una tundra helada como a un desierto abrasador. Y recuerda tener buen ojo antes de meterte con quien no debes.

Más allá del juego base hay tres DLC de peso para el modo campaña que lograron llevar aun más lejos la experiencia. Jaws of Hakkon y El Descenso nos llevaron a rincones desconocidos de este mundo. El último de ellos nos permitió volver a luchar contra un viejo enemigo bajo la superficie de Thedas, pero también supuso el esperado retorno de los enanos. Como si fuera un todo con dos mitades, en la primera nos llevó a luchar en escenarios laminados y abarrotados de demonios y en la segunda cambió completamente el concepto. Jaws of Hakkon, sin embargo, nos lo pintó todo desde otra perspectiva, la de una pequeña facción contra la que habíamos estado luchando hasta ese momento.

Cuanto todo acabó estábamos un poco abatidos. Es un juego que va a por todas, que sobresale por su capacidad de inclusión. Por eso esperamos que muchos otros desarrolladores se atrevan a seguir su camino. Bioware logró montar una aventura capaz de atraer a todo tipo de públicos: puedes luchar, puedes hacer magia, puedes negociar, puedes resolver puzles, puedes enamorarte de cualquier personaje. Por supuesto, también está muy bien diseñado y producido, y tiene un guión impactante y profundo. Dragon Age: Inquisition fue nuestro GOTY 2014. Ahora toca saber cuál ha sido el mejor juego del año 2015.

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