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Nintendo Labo: Kit de Robot

Montando Nintendo Labo Kit de Robot con mellizos de 8 años

Esta es la historia de cómo salió adelante la construcción de este robot con una niña y un niño con intereses muy distintos.

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Desde que vi el Kit de Robot en la presentación de Nintendo Labo sentí curiosidad por saber si de verdad consigue que uno se sienta dentro de un robot. Si algo tenemos claro quienes trabajamos tan mezclados con el mundo del marketing es que lo que se vea en un vídeo promocional puede ser muy distinto de la realidad, pero aquella presentación tenía algo que hizo clic con ese fan de los dibujos de mechas que siempre he llevado dentro. Pero con ilusión no bastaba para lanzarse a por un producto más caro que un videojuego convencional y que aparentemente ofrece una jugabilidad simplificada y corta.

Fallaba algo en la ecuación. Y estaba a la vista. Los niños. Desde el anuncio hasta los workshops, pasando por la caja, Nintendo nunca ha ocultado que es un producto destinado a una edad concreta. Es entonces cuando me hice esa pregunta que todo usuario adulto de Switch con interés por Labo y un poco de corte se ha hecho, '¿a quién me puedo agenciar como excusa?'. En mi caso, la respuesta es inmediata, ya que tengo unos sobrinos segundos que están en la edad ideal. Viven en el pueblo, nos vemos pocas veces y poco rato, y generalmente no hacemos muchas cosas en común. Me cuentan qué tal el cole, me preguntan por mis gatas y echan a correr con sus amigos con esa libertad que aún queda en las calles de Extremadura y el resto de zonas rurales.

Cuando se lo propuse a su madre, que ya había visto algo en televisión, me reservó una tarde de sábado. Al principio pregunté por los dos, pero en realidad pensaba en Izan. Es quien saca partido a la Nintendo 3DS XL que les regale, una pequeña joya exclusiva serigrafiada por Shigeru Miyamoto en su visita a Asturias que ahora está bajo su cuidado. También tiene una habilidad sorprendente para hacer puzles a toda velocidad. Y por eso no me sorprende que él llegara primero, sabiendo exactamente cuál era el plan, porque ya había jugado a Switch y había visto Labo por la tele.

Nintendo Labo: Kit de Robot

Más fácil de montar de lo que parece, más difícil de captar su atención

Lo primero que comprobé es que niños de su edad, con energía y emoción, necesitan alguien al lado que guíe el proceso o todo irá como cuesta abajo. Nada más sacar las cosas de la caja y echar un vistazo al software para empezar llegó Raquel, que también tenía ganas de probarlo y de saber cómo funciona. Aunque también ha aprendido a jugar a Nintendo 3DS, sus intereses giran más en torno a otro de tipo de ocio. El Toy-Con funda de Joy-Con de prueba es un microtutorial del tutorial por el que avanzamos lentamente para sentar unas bases, pero siempre poniéndoles freno.

El siguiente paso es crear el visor del robot, que funciona de forma independiente. Las indicaciones en pantalla son perfecta y los cartones están organizados y diseñado con un cuidado que hace que sea casi imposible confundirse. En realidad, lo único que hay que hacer es recortar (sin tijeras, por las muescas), doblar y acoplar, y con la pantalla táctil casi siempre se acierta por el hueco adecuado. Logré involucrar a ambos repartiendo las tareas: cuando uno lee el tutorial y avanza, el otro crea, y viceversa. Raquel se empezó a aburrir pronto de pasar pantalla y se nos ocurrió que también podía ir coloreando el visor, que quedó estupendo.

Sin embargo, su ánimo iba cayendo poco a poco, espoleado por saber que tenían planes afuera. Tardamos una hora en esa parte tan sencilla del proceso, momento que aprovecharon para marcharse. En realidad hicieron caso al juego, que repite durante varias veces que hay que tomarse descansos y no hacerlo del tirón. De nuevo, dudo que niños de ocho o diez años sean capaces de dejarlo y retomarlo al día siguiente con el mismo ánimo.

Como tampoco teníamos mucho tiempo para coincidir, me comprometí a avanzar y dejarlo justo para que lo termináramos juntos a la mañana siguiente. La cosa cambia mucho cuando un adulto se queda solo frente a un Toy-Con, sin tener que explicar, ni repasar, sin estar pendiente de lo que hacen bien o mal, de sus distracciones y conversaciones. Sin niños, se construye tres o cuatro veces más rápido.

Nintendo Labo: Kit de Robot

Del cartón al robot

Cuando llegaron estaba todo a punto: solo había que construir la mochila, colocar los elementos mecánicos en su interior y fabricar los tiradores para manos y pies. Raquel se puso a colocar cuerdas y hacer funcionar las poleas, Izan a doblar los cartones de los agarres. Todo avanzaba mucho más rápido y sin errores. Es como si la noche de sueño les hubiera servido para asimilar el proceso y hubieran vuelto mejor preparados. Será eso que cuentan de que los niños se empapan de todo.

¡Terminado! Llegó el momento de probarlo. Empezó él por el simple motivo de que ella se había marchado momentáneamente. El sistema de ajustes de correas y cuerdas es sensacional y permite fijarlo a la perfección tanto a un cuerpo de 1,30 como a otro de 1,80, aunque es un poco engorroso estar cambiando de persona a persona y retocando medidas. El aspecto que te da una vez puesto es llamativo, pero no tan espectacular como te podrías estar imaginando ese momento Mazinger Z. Al menos es cómodo y ligero a la espalda. El visor, aunque aporta una funcionalidad excepcional, es un estorbo y casi siempre está arriba.

Izan tuvo que ser el que nos enseñara a todos cómo se juega. El primero en dar esos pasos al suelo que se van sin querer hacia adelante y en probar a abrir los brazos para volar. Las primeras partidas en el modo libre son pura experimentación, disfrute total contra un reloj que pasa muy deprisa. Después se lo puse Raquel, con impaciencia, casi sin dejar que se lo quitáramos bien a su hermano. Tantas ganas tenía que triplicó la puntuación que había logrado él. La asimilación de los movimientos, y especialmente del giro usando el cuello (a través del sensor de movimiento que tiene el Joy-Con colocado en el visor), fue muy natural en su caso. Solo un par de partidas más hasta que el tiempo se acabó y por fin pude probarlo yo. Ese primer nivel es muy simple, un arcade que pronto se acaba, aunque es solo un parte del software, el principio de todo lo que nos queda por descubrir.

En cuanto al cartón, durante el montaje asusta lo fino que es y da miedo pensar que eso vaya a resistir mucho. Esperaba algo más grueso y con más refuerzo. Sin embargo, tengo que reconocer que tras varios días de uso y muchos tirones está como el primer día, sin un solo rasguño ni una mala doblez.

Raquel e Izan cumplen años a finales de mayo. No tienen Nintendo Switch y no sé si caerá una de regalo porque ya la están pidiendo. Lo que sí que tendrán ese día, en su fiesta, es la mía montada con el robot para que jueguen todos sus amigos, para convertirse ellos en los anfitriones que hacen descubrir al resto cómo funcionan los mecanismos que han ayudado a crear y para terminar de decorar, quién sabe con qué colores o mejunjes, lo que se quedó casi sin empezar. Me han hecho prometer que el robot se quedará allí. Sin importar si hay Switch o no, tras haberle dedicado tanto esfuerzo, no lo ven como un videojuego más, lo ven como algo propio. Hemos descubierto que ese es el valor de Labo.

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