Los juegos físicos siempre han tenido esa ventaja tangible sobre los digitales. Puedes tenerlos en la mano, exhibirlos con orgullo en tus estanterías y, en algunos casos (sobre todo si te sobra algo de dinero), incluyen extras de ediciones especiales que también te pueden dejar boquiabierto.
Desde la llegada del Internet de alta velocidad, se ha debatido cuál es mejor. Los soportes físicos representan el valor de colección y la permanencia, mientras que, por otro lado, lo digital ofrece comodidad, rapidez y un ecosistema de acceso cada vez más fluido. Es mucho más fácil hacer clic en "comprar" en la tienda de tu consola o introducir una clave que esperar un día a que te lo entreguen o quitarte el pijama, meterte en el coche y dar un paseo al centro. Por no hablar de tener que enfrentarte a la gente...
Pero con la reciente noticia de que la proporción de ventas de PlayStation ha alcanzado el 85 % a favor de lo digital, en algún momento de este proceso, ese debate puede que ya se haya decidido, no con un anuncio espectacular, sino a través de un cambio lento y casi imperceptible en el comportamiento de los consumidores, junto con una aceptación aún más sutil de lo que realmente significa «poseer» un juego. Porque hoy en día, incluso cuando compras una copia física de un juego, ya no puedes garantizar que vaya a estar disponible sin una conexión a Internet, y mucho menos para siempre.
La ilusión de lo físico
En los tiempos en que lo físico reinaba, comprabas el juego, lo abrías, lo metías en la consola que quisieras y ya estaba. Luego llegaron las instalaciones, y ahora ni siquiera puedes garantizar que el disco que has comprado contenga el juego completo. Gracias a Internet y al aumento desmesurado del tamaño de los juegos, muchos de ellos ahora requieren «descargas de contenido» para poder jugar. Esto se indica en la caja, pero en esencia significa que, para jugar, sigues teniendo que adquirir una parte del juego de forma digital. Los discos se están convirtiendo en poco más que claves físicas.
Si a eso le sumas los parches y actualizaciones del primer día, este mantenimiento constante hace que las copias físicas sean cada vez menos viables. Así que la pregunta resulta incómoda, pero necesaria: si el disco ya no contiene la experiencia completa, definitiva y jugable, ¿qué es exactamente lo que estamos comprando?
Por qué la industria ha tomado este rumbo
Es tentador ver esto como una simple historia de editoras que te quitan derechos, pero la realidad es más bien fruto de las circunstancias que de ninguna conspiración. Gracias a Internet, la distribución digital se hizo posible y ofreció claras ventajas a las editoras:
- Sin costes de fabricación ni de venta al por menor, y a las empresas les encanta ahorrarse unas libras, euros o unos dólares, dependiendo de dónde compres.
- Control total sobre los precios y los descuentos
- La eliminación del mercado de segunda mano, además de impedir que se lo prestes a tus amigos.
Una vez que los juegos pasaron a ser servicios que se actualizan continuamente en lugar de productos estáticos, los soportes físicos perdieron relevancia de forma natural. Un disco no puede evolucionar con un juego que cambia cada semana o cada mes. Desde una perspectiva empresarial, esta tendencia tiene sentido. Es más eficiente, más flexible y, en última instancia, más rentable. Y, al igual que cualquier otro sector, el desarrollo de videojuegos se mueve por el beneficio.
Enhorabuena, esta nos la hemos buscado nosotros mismos
Quizá el cambio más significativo no sea técnico ni comercial, sino psicológico. Y aunque a todos nos gusta culpar a la codicia corporativa de todos los males de la industria de los videojuegos, este es un problema que, en cierta medida, nos hemos buscado nosotros mismos.
Y todo por comodidad.

Es mucho más fácil comprar un juego con un clic y luego iniciarlo con otro, en lugar de levantarte del sofá, coger la caja, sacar el disco y meter uno nuevo. Solo escribir eso ya me ha parecido un rollo.
La idea de «poseer» un juego en el sentido tradicional ha perdido importancia frente a la posibilidad de simplemente poder jugarlo cuando quieras con las menores molestias posibles. Y como las tiendas físicas llevan años en grave declive debido a las compras online, cuando comprar juegos se volvió algo instantáneo, en realidad nunca tuvimos ninguna oportunidad.
Los soportes físicos no han desaparecido, pero tampoco se están haciendo ningún favor
A pesar de todo esto, los juegos físicos no han desaparecido. Las ediciones especiales siguen existiendo, los 'steelbooks' siguen vendiéndose y los coleccionistas siguen valorando mucho la posesión física. Pero, cada vez más, los soportes físicos parecen algo distinto de lo que solían ser. Ya no son la forma habitual en que la mayoría de la gente compra juegos, ya que incluso las ediciones digitales ofrecen ediciones especiales y de lujo. Las ediciones físicas para coleccionistas ahora atraen sobre todo a los superfans o a los coleccionistas empedernidos.
Pero el mayor problema es la calidad, o más bien la aparente falta de ella hoy en día. Call of Duty tuvo en su día una edición especial que incluía unas gafas de visión nocturna que realmente funcionaban. Ahora tienes juegos como Metal Gear Solid Delta: Snake Eater, que venía con una estatuilla muy cuestionable, o 007 First Light, que intentó vender media «Golden Gun» de plástico por más de 200 libras.

Parece que nada se libra de la «merdización», y si este es el nivel que las editoriales creen que quieren los fans, a menos que haya un cambio radical, no tardará mucho en desaparecer por completo todo esto. Lo único que esperas de estas ediciones premium es calidad. Cuando la sacrificas, ya no puedes justificar el precio. ¿Y entonces qué nos impedirá pasarnos por completo al formato digital?
¿Se está desvaneciendo lo físico?
¿Ha terminado pues el debate entre lo físico y lo digital? No exactamente.
Los soportes físicos siguen existiendo y, para algunos jugadores, siguen siendo muy importantes. Pero la versión de los soportes físicos que en su día definió los videojuegos —completa, autónoma y de propiedad permanente— ya no es la norma.
Lo que nos queda es algo más complicado. Los juegos físicos siguen existiendo, pero ya no garantizan la propiedad como lo hacían antes. Los juegos digitales ofrecen comodidad, pero tampoco permanencia, y en algún punto entre ambos, la idea de lo que significa «poseer» un juego ha cambiado discretamente y la mayoría de nosotros simplemente no nos dimos cuenta de cuándo ocurrió. Lo físico no está perdiendo porque sea peor, es solo que la comodidad lo supera todo.
Durante años, el debate se planteó como "físico frente a digital". En realidad, puede que esa discusión haya terminado hace mucho tiempo. El verdadero debate ahora es "propiedad frente a acceso", y si las tendencias actuales continúan, puede que la propiedad ya esté perdiendo terreno; teniendo esto en cuenta, grupos como Stop Killing Games podrían cobrar más importancia que nunca muy pronto.