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Overlord, el hijo bastardo de Wolfenstein

Hemos visto la película de Julius Avery producida por J.J. Abrams, serie B con nazis zombi y conexión directa con los videojuegos.

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En el marco de la 51 edición del festival internacional de cine fantástico de Sitges, se presentó el último largometraje producido por J.J. Abrams: 'Overlord', un film bélico con zombis nazis de por medio que resucita el cine de serie B con algunas de las mejores escenas de guerra que veréis en pantalla grande. Decían las malas lenguas que 'Overlord' iba a formar parte del universo Cloverfield, creado por Abrams allá en 2008 con 'Monstruoso', un found footage combinado con monster movie que dio paso a dos secuelas: 'Calle Cloverfield 10' (2016, Dan Trachtenberg) y 'The Cloverfield Paradox' (2018, Julius Onah). Aunque a pesar de que todas comparten franquicia y, supuestamente, un universo, cada una de las películas opta por un género distinto para narrar, a su modo, una invasión alienígena a la Tierra que se lleva a cabo en cada una de ellas.

Poco tiempo después de que surgieran esos rumores alrededor de 'Overlord' y su supuesta incorporación a esa saga producida por Abrams, él mismo aclaró que la película nunca tuvo intención de formar parte de Cloverfield y que, su objetivo principal, era que la cinta se estrenara en Sitges -en lo que a panorama Europeo se refiere-. Misión cumplida; 'Overlord' estrenada en Sitges y, además, con éxito. El film bélico de Julius Avery, director de la cinta en cuestión, ofrece escenas espectaculares en pleno combate construidas, y muy maquilladas, en base a un CGI de corte videojueguil que ayuda a que la experiencia de guerra sea mucho más cercana e intensa. Tanto porque sus efectos de sonido son próximos a los de 'Dunkirk' de Christopher Nolan -o eso parecía en el auditorio de Sitges- como porque visualmente Avery introduce al espectador en el largometraje con un par de planos secuencias extremos llenos de acción. Rodeando la cámara de explosiones, disparos, soldados muriendo por doquier y con un protagonista sabe transmitir la tensión que sufren sus compañeros paracaidistas -y él- justo cuando los alemanes empiezan a ametrallar sus aviones.

Abrams y Avery establecen una conexión ineludible entre el mundo del videojuego y el cine a través de las fórmulas visuales que emplean para modelar la guerra de 'Overlord'. Y cada vez es más angosto el camino que relaciona sendos mundos. Prácticamente, desde que 'El Hobbit' de Peter Jackson entrase en escena, con esa estética fantástica a 48 fotogramas por segundo, el cerco se ha estrechado hasta tales puntos que cuesta diferenciarlos en determinados puntos. Pero lo que ni Abrams ni Avery confesaron en la presentación del film, es que está inspirado en la esencia de 'Wolfenstein', la saga de B. J. Blazkowicz que aterrizó en las consolas de la última generación en 2014. 'Overlord' no renuncia a las bases cinematográficas de las que parte su premisa; como 'Salvar al soldado Ryan' en lo que a momento histórico se refiere -el desembarco de Normandía- o a la idea de resucitar a los muertos mediante un suero secreto que crea un mad doctor, véase 'Re-animator'. Sin embargo, no son los elementos de los que más tira Avery a la hora de componer su puesta en escena. Igual que hizo Jordan Vogt-Roberts -el director de la futura adaptación al cine de 'Metal Gear'- con 'Kong: Skull Island, deja a un lado sus referentes cinéfilos para acoplar su película al mundo de los videojuegos sumergiendo al espectador en la escenografía del largometraje.

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Overlord, el hijo bastardo de Wolfenstein

'Overlord' une ese ideal que busca 'Wolfenstein' de transmitir la sensación de pura adrenalina a sus jugadores y, a la vez, sirve de puente para ligar la narrativa cinematográfica con la experiencia que se siente al ser participe en la historia de un videojuego.

Por su parte, 'Wolfenstein, aun siendo una franquicia que tuvo sus inicios en 1981 con 'Castle Wolfenstein', tampoco ha escondido nunca sus obsesiones cinematográficas. En esa reciente saga reanimada en 2014, los creadores echaron el ojo a películas como 'Malditos bastardos', 'Hostel' y 'Blood Creek' -el aspecto del villano está prácticamente calcado- para brindar al jugador lo único que buscaban de un shooter así: matar nazis a cascoporro y de la manera más sanguinaria posible. Dando la opción a los espectadores que disfrutaron de aquellas cintas de poder vivir en sus propias carnes la experiencia de convertirse en Eli Roth y, MP40 en mano, explotar unas cuantas cabezas nazis. 'Overlord' sabe que es de las pocas películas que plantea una premisa zombi de género bajo una temática bélica. Y también sabe que gran parte de su público habrá cogido alguna vez un mando de Playstation, Xbox o lo que se preste. Por lo que, con una secuencia de abertura muy parecida con la que 'Wolfenstein' anunciaba el regreso de B. J. Blazkowicz, Avery da a entender que lo que busca es una película de acción que trastee con la experiencia sensorial. 'Overlord' une ese ideal que busca 'Wolfenstein' de transmitir la sensación de pura adrenalina a sus jugadores y, a la vez, sirve de puente para ligar la narrativa cinematográfica con la experiencia que se siente al ser participe en la historia de un videojuego. Solo que, aquí, no hace falta mando. Avery ya se encarga de que sintamos cada disparo que sueltan las carabinas y metralletas de los nazis y protagonistas del film.

Ambos productos, película y videojuego, coquetean con la cultura pop que surge del imaginario que rodea la ideología nazi a partir de 1947, a raíz de algunos escritores que fantasearon con la idea de qué hubiera pasado si los nazis hubieran ganado la Segunda Guerra Mundial. Desde enviar tropas del tercer Reich al espacio -Robert A. Heinlein-, como crear muñecos nazis asesinos que se dedican a exterminar a los colectivos que fueron víctimas en los campos de exterminio, y culminando por poner a un Hitler zombi al mando de su ejército, también de zombis, para reconquistar el mundo. Las locuras han sido muchas, y tanto 'Overlord' como 'Wolfenstein' las reagrupan para continuar explorando esas demencias nacionalistas ficticias.

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Empero, sus conexiones son puramente formales, puesto que en ningún caso comparten fondo. 'Overlord' plantea su historia en la realidad, dentro de lo que cabe. En plena Segunda Guerra Mundial, en la Francia invadida, el régimen nazi está buscando una fórmula para poder crear un Reich inmortal que perdure para siempre. Mientras que, 'Wolfenstein', imagina cómo sería el mundo si los nazis llevasen años gobernándolo -lo que sería 'The Man in the High Castle' en televisión- con una avanzada tecnología que les hace superiores al resto de sus adversarios. Digamos que una se queda en puertas de lo que podría ser si los nazis no hubieran sido derrotados, y la otra nos sitúa en mitad del marrón de la guerra.

Ahora bien, por mucho que en argumento no casen, sin 'Wolfenstein', 'Overlord' no sería posible. Pero eso no la hace menor ni menos importante, sino más disfrutable si se conocen sus precedentes. Y ya si se es amante de los videojuegos, 'Overlord' se puede convertir fácilmente en una de tus películas favoritas del año.

Overlord, el hijo bastardo de Wolfenstein


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