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The Legend of Zelda 25th Anniversary Symphony London: crónica especial

"Las colas invadían peligrosamente unas calles en las que el tráfico corre en 'modo espejo', pero la ilusión podía con la inquietud. La alegría se contagiaba antes de entrar: todos sabíamos que estábamos a punto de presenciar algo grande"

Tokio, Los Ángeles y Londres. Ni más, ni menos. La gira de la Sinfonía del 25 Aniversario de Zelda se quedaba en tres grandes ciudades, quizás las tres capitales de los tres grandes mercados, poco después de su anuncio durante el E3 2011. Los fans españoles, como los de otros tantos países, tenían dos opciones: resignarse o intentar asistir a la cita más cercana.

Nosotros escogimos la segunda opción, y la vivimos como completos fans de cabo a rabo, como simples y afortunados espectadores: luchando por una entrada, aprovechando el tiempo privado, volando y haciendo cola, sin las ventajas ni las presiones habituales de los eventos para prensa. Mejor que mejor, porque si algo fue este espectáculo, es personal.

La fría tarde inglesa prometía calor para después: el humano del público que se iba congregando ante las puertas del HMV Hammersmith Apollo y el que emitirían los integrantes de la Orquesta Filarmónica Real de Londres con sus instrumentos. Las colas invadían peligrosamente unas calles en las que el tráfico corre en "modo espejo", pero la ilusión podía con la inquietud. La alegría se contagiaba antes de entrar: todos sabíamos que estábamos a punto de presenciar algo grande, a la vez que celebrábamos en comunidad el cumpleaños de la serie de juegos de la que mejores recuerdos guardamos.

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"Esto promete".
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Registramos más de 100 encuentros Mii, con gran cantidad de... ¡noruegos! (izquierda). Las proyecciones se apagaron tras el concierto (derecha).

La fachada del auditorio anunciaba un evento serio y elegante con los enormes carteles en negro y oro, pero también colorido y, si quieres, promocional, con los vídeos que se proyectaban en el centro. Los cosplayers eventuales y la cantidad de artículos ‘zéldicos' o ‘nintenderos' de los asistentes eran la principal atracción durante una espera que se alargaba, la gente aun agolpándose contra el edificio. Los pilotos verdes de las Nintendo 3DS parpadeaban constantemente indicando nuevos encuentros Mii, mientras las consolas ejecutaban, cómo no, partidas Wi-Fi a The Legend of Zelda: Four Swords Edición Aniversario.

Seis y media era la hora local oficial, pero entraríamos media hora tarde y la música no sonaría hasta las ocho menos cuarto. Es que los felices seguidores no tenían prisa y pasaban felizmente por el filtro de los puestos de carísimo merchandise, las barras con bebidas y aperitivos o los stands de prueba de The Legend of Zelda: Skyward Sword. Y llegó el momento: recoger el bello programa-guía, buscar la butaca y sentir cómo se acelera el corazón sólo con ver la enorme orquesta que hace ruidos raros al afinar. Y luego, negro y silencio.

Eiji Aonuma lo rompió, como los fans rompieron en aplausos al verle. "¿Me conocéis?" preguntaba, sencillo, el encargado de la serie durante la última década. El de Londres sería el último de los tres conciertos que hacían la gira, confirmaba el nipón después. Ya sabíamos que era algo único, pero las primeras notas nos lo confirmaron.

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El hall del Apollo convertido al mundo Zelda.
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Eiji Aonuma, presentando y disfrutando.
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El océano de Wind Waker era anaranjado por la tarde, pero luego todo se sumió en azules y burbujas.

La actuación comenzó con potencia y majestuosidad. Parecía que era el propio castillo de Hyrule el que recibía con sus trompetas al público. Los primeros compases ya emocionaban, y no hizo falta mucho más para comprender el sencillo y efectivo montaje que seguiría el espectáculo. Liderada por la aclamada directora irlandesa Eímear Noone, la veterana orquesta recibía baños de luces, sombras y colores a su compás, mientras una gran proyección sabía mantenerse en segundo plano para ilustrar las historias que contaba la música.

Los vídeos nunca molestaban ni llamaban demasiado la atención, pero servían para dar un empujoncito a las emociones y, sobre todo, los recuerdos. A veces eran imágenes conceptuales o elementales (fuegos, tierras, aguas, bosques, praderas, cenizas...). Otras, pequeñas secciones de los juegos en acción, sin cortarse al presentar una escena pixelada de la NES seguida de una ‘cutscene' de la Wii. La sincronización entre música, imágenes, focos y colores sólo ayudaba a elevarse, pero también bastaba con cerrar los ojos y dejar volar la imaginación y la memoria.

La voz de Noone era sensual y delicada, ideal para presentar cada pieza con finura y respeto. Aun así, no fue la directora, ni Aonuma, quien hizo el papel de presentador cercano al público. Para ello, Nintendo había guardado el mejor as en la manga, una de las sorpresas de la noche: Zelda Williams apareció en el escenario levantando la segunda ovación independiente de la actuación. La hija del conocido actor ya es un icono para los fans, pero quizás más por la forma de llevar su lazo con la serie en el último año que por llevar su nombre por el ‘friki' de su padre. Su dulzura, sencillez, juventud y encanto natural encajan perfectamente con las ideas de los juegos, así que, como no quiera apartarse, la Leyenda ya ha encontrado su mejor embajadora. Dejó aún más enamorados a los fans, recibió más de un piropo, contestó a los ‘tweets' en directo y no dudó en confesar sus sensaciones respecto a los juegos y sus músicas, llegándose a emocionar sinceramente en una de sus presentaciones.

The Legend of Zelda 25th Anniversary Symphony London: crónica especial
Bellas pinturas conceptuales y colores para la orquesta.
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¿Es el Apollo HMV Hammersmith un templo de algún juego?

Pero es que emocionarse era bastante fácil con tantos sentimientos a flor de piel. Durante cada pieza se veían sonrisas, ojos mojados, labios resoplando o caras bobas. La nana de la Princesa, tocada ahora con violines, dejó el vello de punta para el resto de la noche. Y solo era el segundo arreglo.

Mención especial merece el movimiento completo dedicado a The Legend of Zelda: The Wind Waker. Las imágenes cobraron un nuevo valor, porque la pieza recorría todos los sucesos importantes de la aventura, de principio a fin. El estilo de dibujos animados volvía a potenciar las expresiones de los personajes, facilitando que la audiencia añorara esa experiencia tan inocente que vivió hace casi una década. La enorme calidad de las composiciones originales, que ya se atrevieron con nuevos estilos en su tiempo, alcanzó un nuevo nivel con esta orquesta y gracias a un nuevo baño irlandés comprendido por su directora. De lo mejor de la noche.

Pero el ‘setlist' también tenía en cuenta los tiempos y había que frenar la locura de vez en cuando. Una secuencia a priori tan aburrida como presentar a cada sección de la orquesta se hizo amena, graciosa y divertida con las melodías que se escribieron en los 90 para la Ocarina del Tiempo. Viento, flauta, oboes, clarinetes, todos. Trompetas, trombón, todos. Percusionistas, arpa, piano. Coros -hasta entonces escondidos- violines, chelos, bajos. Noone daba a conocer su excelente orquesta por secciones y los músicos se recreaban con cuatro o cinco notas, esas que todos aprendimos a tocar con un mando de juego de pequeños. No faltaron las bromas y decoraciones, provocando risas y alguna lágrima más. Aún no sabemos por qué la Canción de las Tormentas consiguió impactar sobremanera en un público que le dedicó otras de sus grandes ovaciones. ¿Nubes en Londres? ¿Esa forma de rasgar las cuerdas con fuerza?

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El Link con la túnica Goron aguantaba mejor los golpes de las hermanas Twinrova.
The Legend of Zelda 25th Anniversary Symphony London: crónica especial
A veces, no hay que disfrazarse para hacer un homenaje a tu serie favorita.
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Merchandise desorbitado: 25 libras la camiseta y 20 el póster. Y se vendían como churros.

Algunas piezas tenían forma de ‘medley', pero no solo de juegos, sino también de temáticas. Los jefes finales llenaban el auditorio de fuego y roca con sus sonidos alarmantes, para dejar a montajes como el The Legend of Zelda 25th Anniversary Medley volver a juegos míticos o no tanto, mezclando perfectamente la querida Dragon Roost Island de Wind Waker con los vapores de The Legend of Zelda: Spirit Tracks. Esto dejó encantado al público para irse flotando al descanso, todo después de toda una pieza dedicada al Pueblo Kakariko, pero en sus versiones más alternativas.

En el break más de uno se sentiría satisfecho con lo que había vivido, aunque solo fuera la mitad y no supiera que quedaba lo mejor. Este acto es algo que todos los seguidores de la serie y su música pedían en silencio desde hace mucho, repitiendo en casa una y otra vez el Hyrule Symphony de Ocarina of Time o el Mario & Zelda Big Band Live. O incluso buscando las interpretaciones libres que otros fans y artistas dejan en Youtube. Si has leído hasta aquí, sabes de lo que hablo, ¿verdad? Pues ha quedado muy por encima de todo lo que has escuchado hasta el momento.

Ganondorf calló bocas a la vuelta, inaugurando la segunda sección. El mal entraba en conflicto con la admiración que despierta su presencia y el mareo de su órgano. Todos le vencimos una vez más, pero volvimos a honrarle como eterno adversario. Cuando se transformó en Ganon, echamos de menos The Legend of Zelda: Twilight Princess, hasta ese momento en segundo plano. Pero nadie se había olvidado de él, pues fue la penúltima pieza (cinco después) y recibió el mismo tratamiento de movimiento sinfónico que Wind Waker, repasando toda su historia de principio a fin y triunfando con momentos como la pradera o el dominio Zora. El Crepúsculo también consiguió transmitir su tristeza, su melancolía, alcanzando el mayor contraste cuando rompió con unos estupendos coros que parecían esperar ese momento.

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Las tierras de Hyrule (izquierda) y la mítica batalla contra Ganondorf (derecha).
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Zelda Williams en una de sus intervenciones.

Si hasta aquí intentas imaginar cada pieza en tu cabeza, además de probar un ejercicio imposible, deberás saber que la innovación también estuvo bien presente, algo muy de agradecer. No se quedó en los violines para la nana: una ‘suite' de pequeños cortes invitaba a adivinar su procedencia en una sopa de más de 15 juegos. Y para arreglo sorprendente y arrebatador, el del Valle Gerudo. Ya nos extrañaba no haber escuchado sus castañuelas antes, pero es que aguardaba hasta la décima posición para dejar con la boca abierta. Olvidó sus guitarras flamencas, echó el freno y se presentó en una enorme composición, intensa, lenta, de estilo épico, emocionante y casi irreconocible, como un nuevo himno que deberían reutilizar en el futuro.

La campiña de Hyrule volvió a lo tradicional, recordando la innovadora música dinámica que introdujo Ocarina y transportando a los presentes a esos campos que recorrieron tantas veces a finales de los 90 o este mismo año. En esa tierra y en todas las de la Leyenda, muchos encontraron pequeños escondites de paz, espacios oníricos donde pequeños seres revitalizaban su espíritu y recordaban con la música cuando comenzaron la aventura. ¿Lo entiendes ya? Exacto: el momento más mágico de la noche fue La Fuente de las Hadas, donde las arpas se iluminaron, las partículas de luz llovieron en el escenario y los coros entraron una vez más, ahora como ánimas.

Aparentemente, y según un programa que no quisimos mirar hasta salir del concierto, sólo quedaba tiempo para una pieza: el tema principal de la serie. Era mentira, pero sin duda se vivió como tal. La melodía de 25 años de historia fue la más potente, la más impresionante y, con mucha diferencia, la más ovacionada, con todo el auditorio en pie durante más de un minuto. La que tarareaban todos en las colas de horas antes, la que probablemente convirtió a Koji Kondo en el John Williams de los videojuegos antes de que nadie lo supiera.

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Las arpas fueron protagonistas con La Fuente de las Hadas y con la Lira de Zelda en Skyward Sword.
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No faltaron los momentos retro. Imágenes minimalistas y sonidos MIDI pasados por la orquesta.
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El programa del concierto, realizado con gracia y firmado por el "triforce" Miyamoto-Aonuma-Kondo.

La primera de las dos sorpresas de cierre, de los dos "bonus tracks", fue el propio Koji Kondo, en persona y al piano. Como su música, el nipón es capaz de ser la discreción, la sencillez y la alegría, pero primero optó por los dos primeros valores. Dejó que aplaudiéramos su aparición y no habló, sólo acarició las teclas del piano de cola para hacer sonar la canción de la abuelita de Wind Waker. La elección era exquisita, la familiaridad y la gustosa interpretación invitaban a llorar las lágrimas que te quedaran. Kondo leyó después unas notas en inglés torpe, pero no hizo falta más para ver que el genio estaba contento y agradecido.

Y como cierre, el aún tapado: The Legend of Zelda: Skyward Sword. Aonuma aseguró que Miyamoto tendría envidia de lo que habíamos vivido esa noche, aprovechando para recordar su reciente trabajo conjunto en el título más esperado de Wii. En toda la serie de Zelda, la música pretende transportar al jugador al mundo de Link, que lo recuerde también gracias a ella. La idea ahora, manejando al héroe en su piel, es conseguir "recuerdos corporales". Nunca el concierto pareció una herramienta de marketing para el juego que sale el 18 de noviembre, y tampoco habría que entenderlo así cuando el productor nipón invitó educadamente a probarlo y disfrutarlo. La última pieza de la noche, comenzando con la perfecta sincronización de las manos de Zelda tocando la lira y la orquesta tocando el arpa, sólo fue el mejor cierre posible, devolviéndonos a todos al sector de donde veníamos. El tráiler que corría en el proyector es el que cierra este artículo, dedicado completamente al instrumento de cuerda. Obviamente, no es lo mismo que en directo. Recuerda que el tema de este juego es la nana de la princesa invertida.

En algún momento de la actuación, la música de The Legend of Zelda y su arte en general transcendieron el mundo de juego y disfrutaron en el terreno de la cultura popular. El concierto te habría emocionado aunque pensaras que ‘Zelda' es una especie de gnomo-elfo, eso es lo que consigue el trabajo de Kondo retransmitido de esta forma tan especial. Ojalá no se quede en el CD de música de Skyward Sword y Nintendo edite un buen montaje en vídeo de calidad, porque es algo que hay que compartir con fidelidad.

The Legend of Zelda 25th Anniversary Symphony London: crónica especial
Zelda hace 'playback' aquí, pues las arpas eran las de la orquesta. Justo aquí debajo tienes el tráiler completo.

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