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Videojuegos gratis por el coronavirus: oportunismo u oportunidad

Las grandes editoras de videojuegos hasta la fecha no han sabido estar a la altura de las circunstancias.

Videojuegos gratis por el coronavirus: oportunismo u oportunidad

Hay que quedarse en casa, en Gamereactor no nos vamos a cansar de repetirlo y de dar ejemplo. En texto o en vídeos. Por suerte, nuestro hobby es principalmente casero y, además, vivimos en la época de la distribución online, así que cualquier juego está al alcance de cualquier usuario sin moverse del sofá. Pero la salud no es lo único en jaque por el coronavirus, miles de personas no están enfermas y sin embargo también lo están pasando mal porque están sufriendo despidos provisionales en el mejor de los casos. Ante la incertidumbre, lo tenemos claro: juegos gratis.

Descargas totalmente libres, free weekends (juega todo lo que quieras un fin de semana pero pasado ese margen se desactiva), demos, betas, free-to-play... Hace semanas que os venimos informando de ellas regularmente y, en estas circunstancias, estamos insistiendo hasta la saciedad. Lo que sea si con esto logramos mantener un poco más fresca la salud mental en este largo encierro. Refuerza este propósito el compromiso de varias compañías, que están sacando más títulos a la libertad estos días, dicen, para ayudar a la gente. Bien hecho, un aplauso para cualquier gesto de solidaridad.

Y sin embargo, ¿están haciendo las empresas de videojuegos todo lo que pueden? ¿O hay algún atisbo de mala fe en estas decisiones?

Para el usuario, sobre todo si es precario, un juego gratis es un juego gratis venga como venga. Normalmente, este mecanismo no es una herramienta de generosidad ni una contribución al bienestar social; es parte de una campaña de marketing con un planteamiento y un objetivo que funciona correctamente. El más común, dar a conocer un producto concreto antes del lanzamiento o después porque no ha tenido el tirón inicial esperado. O para reflotar un título que ya está envejeciendo antes de una expansión que puede reanimarlo. También se utiliza para aumentar la base de usuarios a la que después cobrar otros conceptos, como DLC o micropagos o para rellenar servers, de modo que haya un buen ecosistema. E incluso, como reconoce honestamente Nintendo con su catálogo en móviles, para hacer llegar a su personajes y sus mundos a un público más amplio que después compre sus juegos de consola.

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No cabe duda de que los títulos ofrecidos durante estas semanas de cuarentena por todo tipo y tamaño de editores van a cumplir, directa o indirectamente, con los objetivos anteriores. Son juegos que están ganando en visibilidad a través de nuestros titulares y mensajes en redes sociales, usuarios mediante las descargas y, al final, generando beneficio para las empresas. Especialmente, porque la mayoría están siendo días gratis, no gratis total.

No sabemos cuánto tiempo vamos a tener que quedarnos en casa, aportando a la batalla común nuestro aguante y nuestro optimismo. ¡Entonces de qué me sirve poder jugar cuatro días gratis! ¿Para engancharme y tener que pagar al quinto, pues voy a estar otros diez o viente más aquí encerrado? ¿O para generar el deseo y que acabe picando? Qué menos que, al menos las multinacionales con beneficios millonarios no pongan un límite a estas promociones, o que el límite sea el mismo que el sacrificio que están haciendo las personas. Qué menos que abrir una pequeña parte de sus viejos catálogos retrocompatibles. Mientras no sea así, no podremos evitar ver en todo esto un poco, o un mucho, de oportunismo.

Oportunidad, del otro lado, para exprimir esta posibilidad con el mayor criterio posible de consumo responsable. Descargad y jugad a todo lo que os apetezca, sin la avaricia de acumular una biblioteca de títulos sin estrenar que no conduce a nada sino a perder el gusto. Aprovechad estas ocasiones, pero con mucho ojo a los anzuelos que van dejando por ahí algunos pescadores de ríos revueltos que se hacen pasar por solidarios y desinteresados.

Que no parezca que, al poner el foco solo en quienes han participado de este modelo de solidaridad a medias, el resto está exonerado. Las grandes editoras de videojuegos, con cuentas bien saneadas todas y cada una de ellas actualmente como comprobamos trimestre a trimestre, hasta la fecha no han sabido estar a la altura de las circunstancias. Porque la mayoría no ha tenido ni un solo gesto hacia unos clientes que en muchas ocasiones son hasta profesan fidelidad ciega a una marca. Y porque, de las que sí se han movido, ninguna ha alcanzado un compromiso tan grande y duradero como el que estamos asumiendo todas y cada una de las personas.

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