Dado el rotundo éxito de Wicked (Parte I), estrenada el año pasado, había pocas dudas de que la secuela sería igual de buena. Pero eso no debería restar importancia al hecho de que Wicked: For Good (Parte II en España) no sólo es "tan buena" como su predecesora, sino que es mejor en todos los sentidos. Un éxito rotundo que establece un nuevo estándar para los musicales de Hollywood, y que está destinado a ser recordado como un clásico instantáneo.
Wicked: For Good adapta el segundo acto del musical teatral estrenado en 2003. Todo forma parte de la misma unidad, ambas películas se rodaron al mismo tiempo, y no se puede tener una sin la otra, pero es cierto que, si la primera película fue una larguísima introducción de múltiples personajes y conflictos, en Wicked Parte 2 es donde todo explota.
Desde el momento en que comienza la película, eres testigo de escenas extremadamente intensas: los personajes chocan de forma dramática e irremediable, nuevas revelaciones cambian todo sobre sus vidas, y los giros impactantes se suceden uno tras otro a un ritmo casi agotador. Hay espacios para la frivolidad y la comedia, a veces sorprendentemente -la escena más divertida de la película es también uno de sus momentos más dramáticos-, pero en general ésta es una película mucho más oscura, con muchas escenas de acción con un CGI más convincente (y todos los números musicales sirven para mover la historia), pero aun así consigue mantenerse fiel a los personajes incluso en las situaciones más difíciles y concluirla de forma satisfactoria.
Todos los actores están a la altura de las circunstancias y elevan su nivel artístico en momentos mucho más exigentes emocionalmente. Ariana Grande sorprendió película anterior con su brillante e hilarante interpretación de la irritante Ga-linda, pero ahora que su personaje por fin crece, vende completamente cómo se da cuenta de la triste verdad que se esconde tras su fachada y se convierte en "Glinda la Buena".
Pero es Cynthia Erivo quien se enfrenta al reto más difícil de llevar el devastador arco en el que se convierte realmente en la Malvada Bruja del Oeste que todos conocemos de la versión de 1939 del Mago de Oz... pero también manteniéndose fiel al personaje profundamente herido y sensible que todos conocemos... ahora.

Cuando Wicked y El Mago de Oz se encuentran
Es cuando las tramas de Wicked: For Good y El Mago de Oz empiezan a converger cuando nos llegan algunos de los momentos más sorprendentes, y quizás también es cuando las costuras que cosieron estas películas empiezan a hacerse perceptibles, revelando que estas dos historias paralelas no llegan a enlazarse bien entre ellas. Wicked (la novela original de Gregory Maguire de 1995) pretendía explorar que el concepto de que la "maldad" es sólo una cuestión de perspectiva, utilizando como ejemplo la historia de dominio público de la novela del Mago de Oz de Frank Baum.
El musical de 2003 que la película adapta directamente tomó la misma premisa, pero utilizó un enfoque ligeramente más ligero, algo menos pesimista, sin sacrificar el mensaje central de lo que hace que Wicked en su conjunto merezca la pena. La idea es genial (mostrar una historia paralela que revela que lo que creías que era el mal en El Mago de Oz no era lo que parecía, y que el verdadero mal a menudo se oculta y se disfraza de "bien"). Sin embargo, en un contexto aislado, no siempre se alinea de la forma más coherente.

Pero, de todos modos, ¿quién podría ver algo tan Wicked como una obra aislada? Los retazos que obtenemos de Dorothy y la ingeniosa forma en que contextualiza a los demás personajes, como el Hombre de Hojalata o el León Cobarde, son muy divertidos de ver y sirven como un bonito homenaje al clásico de Judy Garland de 1939, que sirve como guinda del pastel para lo que seguramente se considerará un clásico moderno.
Pero lo más importante es que encajar Wicked dentro de la historia que todos creíamos conocer refuerza el precioso mensaje que tan bien se introdujo en la primera película: que debemos abrazar nuestras diferencias, no dejarnos influir por los prejuicios, que apoyarnos en los demás y ser buenos con todos nos hará ser mejores... todas esas bonitas que, por muy básicas que sean, todos necesitamos que nos recuerden alguna vez. Y si se hace con la grandeza y finura de Wicked, el doble de bueno.