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Google Stadia, ¿revolución o evolución?

La plataforma cloud gaming apunta directamente a las consolas y PC de máxima potencia.

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Con el arma bien cargada y el punto de mira bien alto, Google llega a la distribución de videojuegos con la intención de demostrar que las videoconsolas son cosas del pasado. Su plan es reducir al mínimo los requisitos del hardware en el que corren los mejores juegos y dejar todo el peso del procesamiento en sus máquinas, ubicadas de forma remota en sus miles de centros de datos. Es decir, ellos cargan con prácticamente todo el coste de hardware. ¿A cambio de qué? Aún no lo sabemos, pues son muchas las incógnitas de Stadia que han dejado en el aire y que calientan el debate sobre si esto es una revolución o una evolución.

El cloud gaming no es nuevo, llevamos años con él rondando con más o menos éxito. Las diferencias con el pasado, sus ventajas del presente, son el aumento de la velocidad de conexión en los hogares o fuera de ellos y los avances en las técnicas de compresión y descompresión de datos, en origen y en destino. Una y otra deben ser suficientes como para acabar con el gran enemigo de este formato: la latencia. Porque si la comunicación en línea va mal -lenta o rápida pero con microcortes - no hay forma de jugar decentemente, ya que la calidad de imagen empeora o hay caídas de fluidez y tasa de refresco. O las dos a la vez, que también puede darse el caso para disgusto del jugador.

Es entonces cuando tu única alternativa es apagar y marcharte a hacer otra cosa. A leer, o a montar en bici o jugar con tu gato. Porque el juego por streaming se acaba cuando la conexión no acompaña. ¿Podemos llamar revolución o "futuro del videojuego", como dijo Google, a un modelo que se enfrenta a una penalización tan severa?

No tenemos ninguna duda de que esto es, como mínimo, la next-gen del cloud gaming. Una nueva vertiente en la que no hay miedo a ningún juego, sea lo triple-A que quiera ser, ni a ninguna configuración. Nvidia GeForce ya ha llegado y Microsoft y Google lo harán este año con xCloud y Stadia respectivamente. Una generación de plataformas que promete resolución 4K y al menos 60 fotogramas por segundo (en realidad, Microsoft aún no, solo 1080p), que es lo máximo a lo que aspiramos a jugar hoy en día con un hardware local.

Si consiguen esto de verdad, con la estabilidad y consistencia que obtenemos en casa, con fiabilidad y sin caídas. ¿Qué motivos habría para volver a comprar una consola de 500 euros? Es cierto que estaríamos limitados en el tiempo a los vaivenes de las líneas de internet, pero en las ciudades grandes y pequeñas de Occidente en realidad es un problema minúsculo y puntual. La conexión online se acerca a la fiabilidad de la propia red eléctrica, y nadie se plantea comprar o no una consola por si no podrá jugar cuando se vaya la luz.

"Si el cloud gaming logra ofrecer exactamente la misma calidad de imagen, velocidad de respuesta y fiabilidad de conexión que una consola normal, entonces sí estaremos ante una revolución"

En este caso, si el cloud gaming logra ofrecer exactamente la misma calidad de imagen, velocidad de respuesta y fiabilidad de conexión que una consola normal, entonces sí estaremos ante una revolución. Un cambio de paradigma que nos haga olvidar esas cajas al lado de la televisión porque, con un cacharrito pequeño como un Android TV o un Chromecast (o con el hardware de la propia tele) ya sería suficiente: menos espacio, menos ruido y menos precio. Con ventajas tan impresionantes como el Click to Play y el Crowd Play, que permiten saltar a la partida sin tiempos de carga, un detalle que ha conquistado a millones de jugadores en Nintendo Switch sin hacer demasiado ruido.

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Sin embargo, tenemos que detenernos en este punto y volver a una incógnita que habíamos dejado sin resolver al principio. Si las compañías están asumiendo todo el coste de hardware y también el de redes, ¿cuántos nos van a querer cobrar a cambio? Ni Microsoft, ni Google han presentado ya su modelo de suscripción, pero sí conocemos el de Nvidia. El proyecto ha vuelto a fase beta gratuita y cerrada, pero durante un tiempo han cobrado una suscripción de 9,99 euros al mes que daba acceso a algunos juegos y descuentos en otros. Eso era antes de dar el gran salto en el catálogo y ofrecer los estrenos, que ahora están en su tienda a precio completo.

El modelo de negocio va a ser la otra variable que determine si estamos en una evolución o en una revolución. Todo apunta a que tendremos que pagar alguna suscripción mensual para poder acceder al servicio. Y entonces, ¿con eso accedes a todo el catálogo como Netflix? ¿O solo a una parte y después hay que pagar por separado los juegos? ¿O una suscripción propia al catálogo como Xbox Game Pass?

Esa ventaja que parecía estar obteniendo el cloud gaming se empezaría a difuminar al equiparar precios, y entonces estaríamos ante un duelo distinto, el de la accesibilidad frente a la propiedad. Poder arrancar una partida en unos segundos a cualquier juego, sin preocuparte de compras y descargas, frente a tenerlo en propiedad y con posibilidad de que sea en soporte físico, por pesadas que se hagan las horas de instalación. Dos formatos distintos que pueden ser compatibles, pero que harán que los jugadores con presupuesto limitado tengan que decantarse por uno o por otro.

¿Tú con cuál te quedas?

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