Opinión: Los jugadores le dan demasiada importancia a las horas que pasan jugando
La regla de "un euro por hora que pasas jugando" está muy bien, hasta que de repente te apetece que 007: First Light dure 60 horas.
Hace poco estuve pensando en los criterios de valoración de Steam, a raíz de la polémica en torno a «Paddle Paddle Paddle», un juego que llevó a mucha gente a pedir el reembolso tras terminarlo en poco más de una hora. Siendo realistas, pensé, no se puede esperar que la gente pague por un juego que ni siquiera dura dos horas. Entonces me acordé de Mixtape, un juego que cuesta mucho más que Paddle Paddle Paddle, pero que te llevará unas tres horas completarlo de principio a fin. Y luego pienso en Dota 2, un juego que es gratis y, sin embargo, le quita cientos, si no miles, de horas a un jugador dedicado.
Los videojuegos son una forma de entretenimiento extraña y única por muchas razones, una de ellas es la importancia que le damos al tiempo que pasamos jugando. Los títulos siguen vendiéndose como grandes aventuras en las que podemos pasar cientos de horas, aunque un público cada vez más maduro tenga dificultades para dedicarle 40 horas a un RPG normal y corriente. No terminamos los juegos, pero la burbuja de Internet siempre nos exige sacar partido a lo que jugamos sacándole el máximo tiempo posible. Hay una vieja regla que dice que un juego sale a cuenta si gastas alrededor de 1 dólar por cada hora que le dedicas. Esa regla funciona en ocasiones, pero en esta época de presupuestos inflados y plazos de desarrollo cada vez más largos en la que nos encontramos, creo que quizá sería buena idea no presionar tanto para ofrecer al jugador horas «interminables» de diversión.
No juzgas una película por su duración. Tampoco juzgas un libro por el número de páginas que vas a leer. En todo caso, las películas, los libros y otros medios pueden recibir una valoración más favorable si son un poco más cortos, porque da la sensación de que han logrado mucho a pesar de las limitaciones de tiempo. No juzgamos los juegos de la misma manera, sobre todo porque no son solo un medio para contar historias, pero aún así parece que criticar un juego basándose en su duración puede resultar infructuoso, sin la relevancia adecuada. «Beyond Galaxyland», un RPG indie que reseñé allá por 2024, me pareció corto, no por la cantidad de horas que le había dedicado, sino porque su final surge de la nada justo cuando parece que la historia se está animando para un desenlace más satisfactorio. Hellboy: Web of Wyrd, aunque es un juego con un estilo brillante, me pareció un poco largo a pesar de que tardé unas 6 horas en terminarlo, porque el combate se volvía muy repetitivo al cabo de un rato.
Cuando juzgas un juego por las horas que le dedicas en lugar del valor que obtienes de él, te estás tratando a ti mismo como un recurso. Una batería que se agotará por completo tras haber jugado las 100 horas. Ahora que se han lanzado más juegos de los que cualquiera de nosotros podría aspirar a jugar en toda una vida, es más importante que nunca cambiar nuestra perspectiva, para no preocuparnos solo por la cantidad de horas. Vale la pena recordar que venimos de una gran etapa en la que los estudios de videojuegos pensaban que «más grande» era automáticamente «mejor». Mapas más grandes, más horas... esas cosas pueden sonar genial sobre el papel, pero si el mapa no tiene nada interesante y las horas que pasas se desperdician en misiones infladas y repetitivas, ¿de verdad has sacado partido a tu compra? ¿O te quedas con la sensación de que te hubiera gustado llegar al meollo de la experiencia más rápido y disfrutarla sin distracciones innecesarias solo para cumplir con el tiempo mínimo?
En algunos juegos, el tiempo que pasas forma parte de esa experiencia esencial. Y no me refiero solo a los juegos en los que tienes que machacarte para conseguir las mejores recompensas, sino que los RPG como The Elder Scrolls V: Skyrim y Kingdom Come: Deliverance II dan la sensación de ofrecerte un mundo en el que merece la pena pasar el rato, sin importar mucho lo que se supone que debes hacer. Aun así, lo que hace que esos juegos, esos RPG en los que te sumerges por completo, sean tan divertidos no es la cantidad de horas que pasas en ellos, sino lo mucho que te enganchan durante todo el proceso. Esa sensación de vacío que sientes al dejar atrás el mundo, los personajes y la historia a los que te has encariñado tanto puede surgir tanto de un juego de 10 horas como de uno de 100. Claro, es probable que sientas una mayor sensación de pérdida cuanto más tiempo le hayas dedicado, pero eso también multiplica el reto para un desarrollador a la hora de hacer que esa experiencia merezca la pena de principio a fin. Ni siquiera los maestros en su oficio pueden lograrlo siempre. Para mí, Sekiro: Shadows Die Twice es mejor juego que Elden Ring, sobre todo porque, aunque el mundo abierto de Elden Ring es sencillamente majestuoso durante la mayor parte del juego, hay momentos en los que decae y te deja con horas que parecen un auténtico calvario (algo que no sorprende viniendo de Miyazaki).
Creo que es lógico querer más de un videojuego. Unas pocas horas en Mixtape, unos cien minutos en Paddle Paddle Paddle... No es precisamente lo que estamos acostumbrados a esperar cuando pensamos en una experiencia de juego memorable. Al mismo tiempo, la duración de un juego nos recuerda una de las decisiones creativas clave en la creación de un título. 007: First Light dura 20 horas no porque los desarrolladores quisieran escatimar en contenido, sino porque esa era la duración de la historia que querían contar. Cualquier cosa más allá de eso no habría sido tan impresionante ni tan cautivadora. Pasaría lo mismo si Baldur's Gate III se condensara en una experiencia de diez horas. Puede que a mucha gente le parezca corto, sobre todo si se pasan el Acto I una y otra vez, pero ten por seguro que no habría ganado ni de lejos tantos premios al Juego del Año sin su épica y extensa historia.
Cuanto más juzgamos y criticamos un juego basándonos únicamente en el tiempo que pasamos con él, menos tratamos los videojuegos como arte. Tampoco nos hacemos ningún favor como consumidores, al fomentar esa sobrecarga que lleva tanto tiempo afectando a los juegos y a la industria que tanto nos gusta. Puede sonar a excusa, pero la verdad es que no existe una duración «perfecta» para un juego que se adapte a todo el mundo. Algunos quieren experiencias trepidantes que duren como máximo 10 horas. Otros te dirán que, si solo has dedicado 10 horas a un juego, no le has dado una oportunidad suficiente. Los videojuegos son un medio increíblemente subjetivo, pero si los reducimos a las horas que les dedicamos, corremos el riesgo de frenar la creatividad que hace que títulos como Clair Obscur: Expedition 33, Kingdom Come: Deliverance II y Dispatch nos hagan pasar un rato increíble en el mismo año, a pesar de ofrecer duraciones de juego muy diferentes.



